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Brothers at Bard: La casa que muchos nunca tuvieron

Por Marcos Castilla
October 2026
Durante una de las visitas de Brothers at Bard a Kingston High School, William “Will” Hernández y los demás mentores llevaron pizza para los estudiantes, pero antes de que los jóvenes pudieran servirse, algunos de los mentores ya habían empezado a comer y Will tuvo que intervenir. Les recordó que la comida era para los estudiantes y que esa era precisamente la razón por la que estaban allí. “Muchos no tienen comida en casa, solo pueden comer en la escuela”, explicó. Para Will, aquel fue uno de los momentos en los que entendió que su responsabilidad dentro del programa iba más allá de ser otro estudiante universitario. “Tuve que plantar cara y ser más que un mentor, un adulto”.
No todos los espacios existen cuando uno llega a la universidad. Algunos tienen que ser inventados. En Bard College, entre clase y clase nunca desaparece la sensación constante de querer encajar. De esa necesidad nace Brothers at Bard, una organización que se ha convertido en una inmensa ayuda para mucha gente.

Todo comenzó en 2014, cuando a Dariel Vasquez, entonces estudiante de Bard, le costaba encontrar su lugar en la universidad y vio que otros estudiantes tenían problemas similares en la transición a la vida universitaria. Vasquez creó un grupo de apoyo para hombres racializados por su color de piel en el campus, con círculos de conversación, mentoría entre pares y actividades culturales. Un año después, junto a Harry Johnson, llevó esa experiencia más allá de Bard y lanzó Brothers@ en Kingston High School.
Los fundadores, Dariel Vasquez y Harry Johnson construyeron los pilares de esta fraternidad desde la experiencia personal. Querían crear un entorno que fuera sostenible para ellos mismos dentro de la universidad. Un espacio donde no hubiera que dar explicaciones cada dos por tres, sino donde la identidad no fuese una barrera, y donde la vida universitaria pudiera vivirse con un sentimiento de pertenencia.
En la Kingston High School, la idea era crear un espacio seguro para que los jóvenes afroamericanos y afrolatinos pudieran hablar sobre sus experiencias con estudiantes universitarios afroamericanos y afrolatinos de Bard, con historias semejantes a las suyas. Es lo que Brothers@ llama mentorías near-peer, en las que los estudiantes universitarios se convierten en modelos para los jóvenes de secundaria. Para Brothers@, esa cercanía hace que los estudiantes se vean reflejados en sus mentores y se inspiren a algún día ocupar un lugar similar.
Lo que empezó como un club fue tomando forma poco a poco, hasta convertirse en algo más grande. Brothers at Bard pasó a ser más que solo un punto de encuentro para transformarse en una organización comprometida con apoyar a estudiantes varones afroamericanos y afrolatinos, dentro y fuera del campus universitario.
En 2016, Brothers@ y Kingston High School crearon el Centro GrindTime, dos veces por semana durante el noveno periodo, un espacio donde los estudiantes reúnen con sus mentores, reciben ayuda con las tareas y las solicitudes universitarias, acceden a útiles escolares o simplemente hablan sobre sus vidas. Con el tiempo, el programa incorporó también sesiones de aprendizaje socioemocional y Brothers Reading Together, un círculo de lectura para estimular el diálogo y la conexión con textos culturalmente relevantes.
El método de Brothers@ se llama Nuestro Espacio (Our Space), en el que los jóvenes participan activamente en la creación de las conversaciones y actividades. Las sesiones se organizan en círculos de hermandad, discusión y reflexión sobre las experiencias compartidas. Para Brothers@ las respuestas ya están en el salón y el papel de los mentores es ayudar a encontrarlas.

William “Will” Hernández llegó a Bard College en 2023 con 18 años y con la intención de estudiar Ciencias de la Computación. Era la primera vez que salía de Georgia y no conocía a nadie en Nueva York. “Tenía miedo”, recuerda. Tampoco estaba seguro de qué quería hacer después de la universidad o de cómo Ciencias de la Computación encajaría en sus planes.

Su entrada a Brothers at Bard surgió a través de AZ y Heston, antiguos líderes del programa y miembros del equipo masculino de baloncesto, a quienes conocía por su trabajo en Bard Athletics. Ellos se acercaron a Will y a Jalen Smiley para preguntarles si querían asumir responsabilidades dentro del programa y continuar el trabajo de mentoría. Cuando Will comenzó, Brothers at Bard contaba con alrededor de cuatro mentores. Con él y Jalen al mando, el grupo se amplió hasta tener cerca de 15. Parte de su tarea consiste en viajar a Kingston High School para trabajar directamente con los chicos.

Durante su primer año, las sesiones se centraban en lecciones de vida, desde hablar sobre cosas cotidianas hasta explicar cómo aplicar a la universidad. Al año siguiente modificaron parte del programa; mantuvieron las sesiones sobre temas cotidianos para la vida, pero incorporaron sesiones de lectura donde mentores y estudiantes elegían un libro y lo leían todos juntos, además de jornadas dedicadas a explorar distintas profesiones. Los mentores preguntaban a los estudiantes qué querían hacer en el futuro y, a partir de sus respuestas, podían organizar una sesión alrededor de una profesión concreta.

Will explica que esto permitía ayudar al estudiante que había expresado ese interés presentar nuevas posibilidades al resto del grupo. Brothers@ organiza visitas a universidades para que los estudiantes puedan entrar en las aulas y residencias y compartir una comida con sus mentores universitarios. Para muchos, estas visitas representan la primera vez que pisan un campus universitario. Sin embargo, la intención no era plantear la universidad como el único camino, sino que se hablaba también de otros tipos de formación y oportunidades profesionales.
Las actividades tampoco se limitaban a Kingston High School. En uno de los viajes organizados por el programa, Will y los estudiantes fueron en autobús a Nueva York para visitar el MOMA, el Museo de Arte Moderno. Después recorrieron parte de la ciudad en pequeños grupos y terminaron el día en Dave & Buster’s. Para Will, este tipo de actividades formaban parte de una relación que fue desarrollándose durante sus años en el programa, pasó a ser más que una mentoría: una amistad.

Esa relación también terminó influyendo en sus propios planes. Will comenzó Bard pensando en estudiar Ciencias de la Computación, pero ahora en su cuarto y último año académico, se decantó por Psicología con una especialización en Análisis de Datos y quiere trabajar con niños. Relaciona directamente ese cambio con el tiempo que ha pasado con los estudiantes de Kingston High School. “Llevo casi cuatro años con ellos”, explicó. Durante ese tiempo los ha visto crecer y madurar año tras año. “No estoy seguro de si influí en ellos, pero puedo afirmar con seguridad que ellos influyeron en mí y en quién soy ahora”.

Uno de los principales obstáculos del programa, dice Will, ha sido coordinar los horarios de los mentores y el tiempo que pueden pasar con los estudiantes. Al tratarse de estudiantes de Bard con diferentes horarios académicos y otras responsabilidades, no todos podían participar los mismos días. Si pudiera cambiar algo, dice, sería aumentar el número de días de mentoría. Tener más mentores ayudó a ampliar el programa, pero no solucionó por completo el problema de encontrar horarios en los que pudieran estar presentes de manera constante.
Para muchos estudiantes, visitar una universidad, participar en un retiro o simplemente tener una conversación con alguien que ha recorrido un camino similar puede redefinir los límites de lo que es posible y lo que no para ellos, ya que lo que empezó en Bard ya no se queda en Bard.

Con el tiempo, Brothers at Bard se ha expandido a otras instituciones como Vassar College y forma parte del Brothers@ Consortium in Higher Education. La organización pasó de ser un proyecto iniciado por estudiantes de Bard a desarrollar un modelo que busca establecer programas en otros campus y comunidades. Su sitio web señala actualmente iniciativas en Kingston High School, Bard College, Vassar College, programas nacionales y colaboraciones con otras instituciones. Esta expansión responde tanto al crecimiento organizativo como a una necesidad más amplia: crear redes de apoyo que trasciendan un solo campus.

No sabe hasta qué punto Will ha cambiado las vidas de los jóvenes con los que ha trabajado, pero sí tiene claro que ellos cambiaron la dirección de la suya.

Según publicó en su página web, Brothers@ trabaja con 50 estudiantes de Kingston High School cada año. Más información en brothersat.org
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