Cultura y noticias hispanas del Valle del Hudson
La segunda vida de Isaiah Rosado
De las pandillas y la cárcel a ayudar a otros en momentos de crisis
Por Cristina Ramírez
July 2026Tras perder a su padre cuando era adolescente, Isaiah Rosado cayó en el mundo de las pandillas, la violencia y la cárcel. Hoy, desde Kingston, acompaña a personas que atraviesan crisis utilizando su propia experiencia como herramienta para demostrar que siempre es posible reconstruir una vida.
Isaiah Rosado nació y creció en Sunset Park, Brooklyn, en el seno de una familia puertorriqueña profundamente religiosa. Sus padres eran pastores pentecostales y él recuerda haber estado especialmente unido a su padre, a quien consideraba su mejor amigo.
Cuando tenía 16 años, su vida cambió de manera abrupta. Su padre murió de meningitis poco después de regresar de unas vacaciones. “Creía que mi papá era una persona a la que nunca le podía pasar nada, por eso cuando lo perdí lo tomé muy mal”, reflexionó Rosado durante una entrevista en La Voz con Mariel Fiori en Radio Kingston en Español.
La pérdida lo dejó sin rumbo. Mientras su hermano enfrentaba problemas de salud, Isaiah comenzó a pasar más tiempo en la calle. Lo que empezó como una forma de escapar del dolor terminó llevándolo por un camino que marcaría buena parte de su juventud.
La experiencia lo confrontó con una realidad que, según cuenta, nunca pudo olvidar. “Vi violaciones, intentos de asesinato y en una ocasión vi un asesinato”, relató. “Cuando la gente ve eso como algo normal, hay un problema”.
Sin embargo, incluso después de salir de prisión, admite que todavía no había logrado cambiar. Continuó involucrándose en conflictos y peleas. Pero otro acontecimiento estaba a punto de transformar su vida para siempre.
El punto de inflexión llegó de manera tan repentina como brutal. Rosado estaba cerca de la puerta en una vivienda de Brooklyn cuando se alejó para ir a buscar agua. Segundos después comenzó un tiroteo. Las balas atravesaron el lugar donde había estado parado momentos antes. “Si yo no me hubiera movido, ese hubiera sido yo”, recordó.
Durante el tiroteo murieron dos amigos cercanos frente a sus ojos. Al mismo tiempo, acababa de convertirse en padre. Ver a sus amigos morir y mirar a su hijo pequeño le obligó a enfrentarse a una pregunta que había evitado durante años: qué clase de vida quería construir.
“Cuando vi a los amigos con los que me crié en la tumba, eso fue algo que me hizo cambiar”, recordó. Por primera vez entendió que, si seguía por el mismo camino, probablemente no tendría una segunda oportunidad.
Su primer empleo fue en la construcción. Más adelante comenzó a trabajar con niños en Children's Home of Kingston, una experiencia que despertó en él un nuevo propósito. Poco a poco construyó una vida diferente. Formó una familia, tuvo un segundo hijo y encontró estabilidad en una comunidad muy distinta a la que había dejado atrás.
“Me gustó la vida aquí”, explicó. Hoy mira hacia atrás y reconoce que sobrevivió a situaciones que fácilmente pudieron haber terminado con su vida. “Muchos días me digo que no se supone que yo debería estar aquí”, reflexionó.
Actualmente Rosado trabaja como especialista de apoyo entre pares en el Centro de Apoyo en Crisis del Condado de Ulster. Trabaja de la mano de profesionales en enfermería y psicología y su función consiste en acompañar a personas que atraviesan momentos difíciles utilizando una herramienta poco convencional: su propia experiencia.
Dentro del modelo de apoyo entre pares, quienes brindan asistencia han vivido situaciones similares a las de las personas que buscan ayuda, ya sea relacionadas con adicciones, encarcelamiento, trauma o problemas de salud mental.
Para Rosado, esa experiencia compartida le permite conectar especialmente con jóvenes que se sienten atraídos por las pandillas o creen que no tienen alternativas. “Muchos de ellos ven la vida diferente después de que yo les cuento mi historia”, afirmó.
La misión que hoy guía su trabajo nació precisamente de los errores y el dolor que marcaron su pasado. “Si puedo ayudar a cualquiera lo hago, eso es lo que estoy haciendo ahora”.
Para Rosado, la importancia del centro radica en algo sencillo: ofrecer a otros la ayuda que él mismo necesitó cuando era joven y no sabía a dónde acudir. Destaca además que se trata de un servicio gratuito y abierto a todos, sin importar seguro médico, documentos o estatus migratorio. “No se le niega a nadie”, señaló.
Isaiah recuerda que durante años buscó respuestas en la calle, la violencia y las pandillas. Hoy, en cambio, intenta ofrecer a otros aquello que él mismo necesitó en ese momento de su vida: alguien dispuesto a escuchar sin juzgar. “Si puedo ayudar a cualquiera, lo hago”, dijo. “Eso es lo que estoy haciendo ahora”.
El recorrido de Isaiah Rosado encarna una de las ideas más profundas del sueño americano: la posibilidad de transformarse a partir de la propia historia. Desde Kingston, su trabajo demuestra que incluso un camino marcado por la pérdida y la violencia puede convertirse en uno de ayuda, propósito y segundas oportunidades.
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Cuando tenía 16 años, su vida cambió de manera abrupta. Su padre murió de meningitis poco después de regresar de unas vacaciones. “Creía que mi papá era una persona a la que nunca le podía pasar nada, por eso cuando lo perdí lo tomé muy mal”, reflexionó Rosado durante una entrevista en La Voz con Mariel Fiori en Radio Kingston en Español.
La pérdida lo dejó sin rumbo. Mientras su hermano enfrentaba problemas de salud, Isaiah comenzó a pasar más tiempo en la calle. Lo que empezó como una forma de escapar del dolor terminó llevándolo por un camino que marcaría buena parte de su juventud.
Años de violencia y cárcel
Tras la muerte de su padre, Rosado se metió en pandillas y en la venta de drogas. Durante más de una década, entre la adolescencia y la adultez temprana, estuvo inmerso en un ambiente de violencia que parecía no tener salida. La espiral de violencia terminó llevándolo a prisión. Fue condenado por intento de asesinato y pasó tres años encarcelado, una experiencia que lo enfrentó de manera directa con las consecuencias del camino que había elegido.La experiencia lo confrontó con una realidad que, según cuenta, nunca pudo olvidar. “Vi violaciones, intentos de asesinato y en una ocasión vi un asesinato”, relató. “Cuando la gente ve eso como algo normal, hay un problema”.
Sin embargo, incluso después de salir de prisión, admite que todavía no había logrado cambiar. Continuó involucrándose en conflictos y peleas. Pero otro acontecimiento estaba a punto de transformar su vida para siempre.
El punto de inflexión llegó de manera tan repentina como brutal. Rosado estaba cerca de la puerta en una vivienda de Brooklyn cuando se alejó para ir a buscar agua. Segundos después comenzó un tiroteo. Las balas atravesaron el lugar donde había estado parado momentos antes. “Si yo no me hubiera movido, ese hubiera sido yo”, recordó.
Durante el tiroteo murieron dos amigos cercanos frente a sus ojos. Al mismo tiempo, acababa de convertirse en padre. Ver a sus amigos morir y mirar a su hijo pequeño le obligó a enfrentarse a una pregunta que había evitado durante años: qué clase de vida quería construir.
“Cuando vi a los amigos con los que me crié en la tumba, eso fue algo que me hizo cambiar”, recordó. Por primera vez entendió que, si seguía por el mismo camino, probablemente no tendría una segunda oportunidad.
Una nueva vida en el Valle del Hudson
Buscando alejarse definitivamente de la violencia, Rosado decidió irse de Brooklyn. Originalmente pensó mudarse a Florida, pero una visita a Kingston cambió sus planes. Allí vivía quien hoy es su esposa. Ella le ayudó a encontrar trabajo y comenzar de nuevo.Su primer empleo fue en la construcción. Más adelante comenzó a trabajar con niños en Children's Home of Kingston, una experiencia que despertó en él un nuevo propósito. Poco a poco construyó una vida diferente. Formó una familia, tuvo un segundo hijo y encontró estabilidad en una comunidad muy distinta a la que había dejado atrás.
“Me gustó la vida aquí”, explicó. Hoy mira hacia atrás y reconoce que sobrevivió a situaciones que fácilmente pudieron haber terminado con su vida. “Muchos días me digo que no se supone que yo debería estar aquí”, reflexionó.
Actualmente Rosado trabaja como especialista de apoyo entre pares en el Centro de Apoyo en Crisis del Condado de Ulster. Trabaja de la mano de profesionales en enfermería y psicología y su función consiste en acompañar a personas que atraviesan momentos difíciles utilizando una herramienta poco convencional: su propia experiencia.
Dentro del modelo de apoyo entre pares, quienes brindan asistencia han vivido situaciones similares a las de las personas que buscan ayuda, ya sea relacionadas con adicciones, encarcelamiento, trauma o problemas de salud mental.
Para Rosado, esa experiencia compartida le permite conectar especialmente con jóvenes que se sienten atraídos por las pandillas o creen que no tienen alternativas. “Muchos de ellos ven la vida diferente después de que yo les cuento mi historia”, afirmó.
La misión que hoy guía su trabajo nació precisamente de los errores y el dolor que marcaron su pasado. “Si puedo ayudar a cualquiera lo hago, eso es lo que estoy haciendo ahora”.
Isaiah y su nueva misión en Kingston
Rosado forma parte del equipo del Centro de Apoyo en Crisis del Condado de Ulster, ubicado en el 368 Broadway de Kingston. Desde su rol como especialista de apoyo entre pares, su trabajo consiste en acompañar a personas que atraviesan momentos difíciles desde la experiencia vivida, ofreciendo escucha, contención y orientación en medio de situaciones de crisis.Para Rosado, la importancia del centro radica en algo sencillo: ofrecer a otros la ayuda que él mismo necesitó cuando era joven y no sabía a dónde acudir. Destaca además que se trata de un servicio gratuito y abierto a todos, sin importar seguro médico, documentos o estatus migratorio. “No se le niega a nadie”, señaló.
Isaiah recuerda que durante años buscó respuestas en la calle, la violencia y las pandillas. Hoy, en cambio, intenta ofrecer a otros aquello que él mismo necesitó en ese momento de su vida: alguien dispuesto a escuchar sin juzgar. “Si puedo ayudar a cualquiera, lo hago”, dijo. “Eso es lo que estoy haciendo ahora”.
El recorrido de Isaiah Rosado encarna una de las ideas más profundas del sueño americano: la posibilidad de transformarse a partir de la propia historia. Desde Kingston, su trabajo demuestra que incluso un camino marcado por la pérdida y la violencia puede convertirse en uno de ayuda, propósito y segundas oportunidades.
Centro de Apoyo en Crisis del Condado de UlsterEl Centro de Apoyo en Crisis del Condado de Ulster funciona como un espacio de acceso inmediato para personas que atraviesan situaciones de urgencia emocional, consumo de sustancias, trauma, violencia o inestabilidad habitacional. Ubicado en el 368 Broadway en Kingston, el centro opera las 24 horas del día y ofrece atención gratuita sin requerir seguro médico, identificación o documentación.Los niños y adultos que experimentan angustia emocional, síntomas psiquiátricos, problemas relacionados con el consumo de sustancias u otros factores estresantes de la vida pueden recibir atención y apoyo confidenciales en el mismo centro por un periodo de hasta 24 horas. El centro es operado por People USA, una organización sin fines de lucro con más de 35 años de trayectoria en el estado de Nueva York. Fundada y dirigida por personas con experiencia vivida en procesos de recuperación, la organización brinda apoyo a niños, adultos, familias y veteranos en siete condados a través de una amplia red de servicios que incluye estabilización en crisis, apoyo entre pares, vivienda de apoyo, orientación laboral y sobre beneficios, respuesta móvil a crisis, coordinación de cuidados y programas comunitarios. El modelo de atención se basa en el trabajo interdisciplinario de un equipo que incluye profesionales de salud mental, personal de enfermería, especialistas en recursos comunitarios y “peers” o especialistas de apoyo entre pares. Estos últimos desempeñan un rol clave al acompañar a las personas desde la experiencia vivida, ofreciendo un espacio de escucha y comprensión basado en situaciones similares de vida. Tras la intervención inicial, el centro también desarrolla planes de seguimiento y conexión con servicios de vivienda, salud, rehabilitación y apoyo social, con el objetivo de sostener a cada persona más allá de la crisis inmediata. |
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