Cultura y noticias hispanas del Valle del Hudson
Annecy Báez: El silencio deambulando por las venas como el aire por las habitaciones llenas de recuerdos
Por Camilo Rojas
March 2026Annecy Báez, nació en la República Dominicana con una historia vinculada a la dictadura de Trujillo, criada en el Bronx, pasó su vida adulta en el Valle del Hudson. Psicóloga de profesión y profesora universitaria, pero escritora y artista visual de corazón. Ganadora del premio Marmol en el 2007 por el libro “My Daughter's Eyes and Other Stories”, publicado por Curbstone Press y distribuido por Northwestern University. Tienen un doctorado en sicología de NYU.
¿Qué significa ser latinoamericana y, en particular, dominicana?
No veo ninguna distinción cultural; a mí me encanta ver el uso del lenguaje. Hay tanta diferencia entre lo que se dice que es dominicano y lo que es. Me crié en una familia abierta a diferentes formas; en mi familia lo espiritual era la familia: los valores. Mi papá fue el primero en venir a Estados Unidos. Pero él me decía: todos van a tener puntos de vista diferentes, diferentes visiones religiosas. Él tenía su tradición, pero era una persona abierta. Cuando pienso en la dominicanidad, tengo que pensar en quién soy dentro de la cultura dominicana. Para mi papá, venir aquí era una oportunidad de ser quien uno quería ser. Para él, Estados Unidos era el país de la libertad en todos los niveles. Su familia era militar. La familia de mi papá era trujillista, de lo que no hablo mucho. Pero mi papá era muy justo y estudioso. Él fue a la escuela militar en Argentina, de lo que estaba muy orgulloso. Era coronel.
¿Qué pensaba tu papá de Trujillo?
Mi papá solía comentar que, en ocasiones, creía que había algo fuera de lo común en Trujillo, algo mentalmente inestable, quizás una especie de paranoia o de demencia. La dictadura cambia al individuo.
¿Como te cambió Nueva York?
Cuando mi papá llegó a los Estados Unidos, trabajó en una fábrica en Westchester. En mi familia los niños no sabían nada de lo que estaba pasando. El silencio era importante y nos criamos guardando silencio, sin decir nada ni revelar quiénes éramos. Era una época peligrosa porque si la familia trabajó para Trujillo, esa familia debía pagar por lo que había pasado, aunque uno no sabía exactamente qué había pasado, y por eso no nos quedábamos en un sitio por mucho tiempo. El pasado se convirtió en silencio. El silencio era un modo de sobrevivir.
¿Ese silencio definió tu visión del mundo (escribir, pintar, dibujar, collage)? ¿Buscas recuperar tu expresión?
Yo creo que el arte y la escritura eran una forma de calmar mi sistema nervioso. Cuando era niña siempre estaba pintando y mis muñecas me contaban historias. Era un modo de mantenerme ocupada. En un momento mis padres desaparecieron y tres personas vinieron a mi casa para cuidarnos. Eran increíbles. Eran dos hombres, Monchy y Abraham, que eran gays, junto con Tatica, lesbiana y muy espiritual. Monchy y Abraham eran artistas y bailaban. Monchy era transexual. Él tenía fotos suyas como mujer. Y él decía que esa era su hermana, pero su hermana nunca estaba en casa cuando él estaba. Y ellos trajeron música, baile, arte y toda esta belleza. Los recuerdo con una felicidad en mi alma, porque mis padres se habían ido. Fue en 1963, cuando Kennedy fue asesinado y yo creía que era mi papá quien se había muerto, y creía que todo el mundo lloraba por él. Como niña, mezclé las dos cosas. Recuerdo el día que mi papá me llamó para decirme que volvía y que no podía hablar; lloré al oír su voz.
¿Cómo comienzas a escribir y hacer arte?
Escribía desde la adolescencia, pero en Santo Domingo escribir era peligroso. Y mi papá no quería que yo escribiera. Él decía que a los reporteros los mataban. En ese momento me interesaba comprender a las personas. Me interesan la comunidad, la sociedad y la justicia en Santo Domingo. Todo lo que quería hacer era ayudar al pueblo. Estudié psicología. En la universidad mi investigación se centró en la creatividad y la esquizofrenia. Paralelamente, empecé mi proceso creativo y mantuve mi energía en esa área. Comencé a hacer arte. Era algo en mí. Yo andaba con una libreta desde niña. Escribía y pintaba. Cuando estaba en Santo Domingo, como en muchos países latinoamericanos, había poesía en los periódicos. No podía creer que en el periódico pudiera existir la política junto con el arte y la poesía. Santo Domingo era un lugar para mí en el que la poesía y el arte eran constantes. Mi adoración por la poesía y el arte se formó gracias a ese momento. Cuando vine a Nueva York, mis profesores se dieron cuenta de que yo estaba enamorada de la literatura. Creo que la cultura latina tiene este amor por la literatura y el arte y que es parte de nuestro ser.
¿Cómo influye tu experiencia en psicología en tu proceso creativo?
Nunca escribo sobre mis clientes. Tengo una ética que mantengo. Es como algo totalmente separado. Pero la experiencia de mis clientes es universal. Todos lo hemos tenido como experiencia. Yo escribo sobre esa experiencia. Y en mi terapia se define: cómo están en este momento, qué estrategias usan para sobrevivir y qué han usado a lo largo de su vida, porque eso los ayudó a sobrevivir en el pasado. En My Daughter's Eyes and Other Stories, tengo una historia sobre el trauma sexual. Tengo historias de adolescentes que están traumatizadas por la opresión de un sistema patriarcal. Mi familia puede leer el libro y decir: “¿Pero y a dónde está este abusador sexual? ¿Es un cuento, no es cierto?”. Creen que todo lo que uno escribe es cierto. Tengo una historia en el libro donde una mujer se va a casar y él dice: “Yo hice algo que no debería haber hecho; tengo a alguien encinta en la República Dominicana. Yo quiero casarme contigo.” Pues yo leí esa historia un día y alguien me dijo: “Lo siento que eso te haya pasado”, pero no me pasó. Entiendo que el arte y la vida interactúan de un modo u otro. Creo que esas cosas son universales. Escribir ayuda emocionalmente; me ayuda a lidiar con lo que oigo y a poner las cosas en perspectiva. No es una forma de escape, sino de integración.
¿Cuándo tu creatividad toma cuerpo?
Cuando estaba haciendo mi tesis de 200 páginas para el doctorado, me dije: si puedo hacer esto, puedo escribir mis cuentos y hacer un libro. Empecé a asistir a grupos literarios y leer mis cuentos en público, y me preguntaban cuándo los iba a publicar. Un día encontré un libro en el que la contraportada de la editorial mencionaba la misión de promover la justicia social. Le escribí al editor para decirle que quisiera que me publicaran. El editor me escribió y me dijo: “¿Por qué no mandas tu manuscrito al concurso y, si ganas, te publican?” Los mandé dos años consecutivos y fui finalista, pero no gané. Leí un artículo que decía cómo hacer una novela de una colección de cuentos. Porque mis historias eran separadas. Mis cuentos eran sobre primas y los arreglé como si todas vivieran en un mismo sitio. Lo mandé por tercera vez en 2007 y gané el premio Marmol. El editor de Curbstone Press me llamó y me dijo: “Yo no me voy a morir hasta que este libro salga.” En julio se publicó My Daughter's Eyes and Other Stories. El murió seis meses después.
¿Cómo empiezas a hacer collages?
Siempre hacía collages, ya mi primer esposo, que falleció, me construyó un espacio en el sótano. Comencé a leer más sobre el collage. Hacía libros como arte; los regalaba. Tomé unas clases con Talbot y él tenía en el estudio periódicos del siglo 19 y decía: “Corten esos papeles y hagan algo”. Yo no quería tocarlos. Después de hacer collage a mano, comencé a hacerlos digitalmente.
¿Cómo llegaste al Valle del Hudson?
El Hudson Valley es un lugar de creatividad. En Estados Unidos soy una artista latina. Escribo nada más en inglés. Soy latina que escribe y hace arte en otro país, pero este siempre ha sido mi país desde que tenía tres años. No hay una distinción. Como todo en mi vida, simplemente hago arte, no totalmente consciente de estar en este sitio, sino que lo hago porque mi alma no puede vivir sin hacerlo.
¿En qué estás trabajando?
El silencio y lo que uno dice siempre corren por las venas. Alguien que se ha criado en una familia durante una dictadura necesita canalizar sus traumas. Es interesante que yo haya escogido esta otra profesión de escritora y me dedique a ella, porque cuando uno escribe, uno publica y mantiene ese respeto al silencio y al pasado. Y también, al escribir, me he dado cuenta de cómo mantengo el silencio: no es miedo; a veces, simplemente sabiduría. Actualmente estoy trabajando con el cineasta Ari Kushner en piezas cortas de animación asistida por IA, basadas en imágenes oníricas y narrativa. Un proyecto traduce un sueño en un poema visual y otro explora un mundo distópico especulativo, imaginando la sanación y la responsabilidad a través del amor, el perdón y la dignidad humana, en lugar del castigo.
*Más sobre la artista en sus páginas web annecybaez.com y annecybaez.substack.com
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No veo ninguna distinción cultural; a mí me encanta ver el uso del lenguaje. Hay tanta diferencia entre lo que se dice que es dominicano y lo que es. Me crié en una familia abierta a diferentes formas; en mi familia lo espiritual era la familia: los valores. Mi papá fue el primero en venir a Estados Unidos. Pero él me decía: todos van a tener puntos de vista diferentes, diferentes visiones religiosas. Él tenía su tradición, pero era una persona abierta. Cuando pienso en la dominicanidad, tengo que pensar en quién soy dentro de la cultura dominicana. Para mi papá, venir aquí era una oportunidad de ser quien uno quería ser. Para él, Estados Unidos era el país de la libertad en todos los niveles. Su familia era militar. La familia de mi papá era trujillista, de lo que no hablo mucho. Pero mi papá era muy justo y estudioso. Él fue a la escuela militar en Argentina, de lo que estaba muy orgulloso. Era coronel.
¿Qué pensaba tu papá de Trujillo?
Mi papá solía comentar que, en ocasiones, creía que había algo fuera de lo común en Trujillo, algo mentalmente inestable, quizás una especie de paranoia o de demencia. La dictadura cambia al individuo.
¿Como te cambió Nueva York?
Cuando mi papá llegó a los Estados Unidos, trabajó en una fábrica en Westchester. En mi familia los niños no sabían nada de lo que estaba pasando. El silencio era importante y nos criamos guardando silencio, sin decir nada ni revelar quiénes éramos. Era una época peligrosa porque si la familia trabajó para Trujillo, esa familia debía pagar por lo que había pasado, aunque uno no sabía exactamente qué había pasado, y por eso no nos quedábamos en un sitio por mucho tiempo. El pasado se convirtió en silencio. El silencio era un modo de sobrevivir.
¿Ese silencio definió tu visión del mundo (escribir, pintar, dibujar, collage)? ¿Buscas recuperar tu expresión?
Yo creo que el arte y la escritura eran una forma de calmar mi sistema nervioso. Cuando era niña siempre estaba pintando y mis muñecas me contaban historias. Era un modo de mantenerme ocupada. En un momento mis padres desaparecieron y tres personas vinieron a mi casa para cuidarnos. Eran increíbles. Eran dos hombres, Monchy y Abraham, que eran gays, junto con Tatica, lesbiana y muy espiritual. Monchy y Abraham eran artistas y bailaban. Monchy era transexual. Él tenía fotos suyas como mujer. Y él decía que esa era su hermana, pero su hermana nunca estaba en casa cuando él estaba. Y ellos trajeron música, baile, arte y toda esta belleza. Los recuerdo con una felicidad en mi alma, porque mis padres se habían ido. Fue en 1963, cuando Kennedy fue asesinado y yo creía que era mi papá quien se había muerto, y creía que todo el mundo lloraba por él. Como niña, mezclé las dos cosas. Recuerdo el día que mi papá me llamó para decirme que volvía y que no podía hablar; lloré al oír su voz.
¿Cómo comienzas a escribir y hacer arte?
Escribía desde la adolescencia, pero en Santo Domingo escribir era peligroso. Y mi papá no quería que yo escribiera. Él decía que a los reporteros los mataban. En ese momento me interesaba comprender a las personas. Me interesan la comunidad, la sociedad y la justicia en Santo Domingo. Todo lo que quería hacer era ayudar al pueblo. Estudié psicología. En la universidad mi investigación se centró en la creatividad y la esquizofrenia. Paralelamente, empecé mi proceso creativo y mantuve mi energía en esa área. Comencé a hacer arte. Era algo en mí. Yo andaba con una libreta desde niña. Escribía y pintaba. Cuando estaba en Santo Domingo, como en muchos países latinoamericanos, había poesía en los periódicos. No podía creer que en el periódico pudiera existir la política junto con el arte y la poesía. Santo Domingo era un lugar para mí en el que la poesía y el arte eran constantes. Mi adoración por la poesía y el arte se formó gracias a ese momento. Cuando vine a Nueva York, mis profesores se dieron cuenta de que yo estaba enamorada de la literatura. Creo que la cultura latina tiene este amor por la literatura y el arte y que es parte de nuestro ser.
¿Cómo influye tu experiencia en psicología en tu proceso creativo?
Nunca escribo sobre mis clientes. Tengo una ética que mantengo. Es como algo totalmente separado. Pero la experiencia de mis clientes es universal. Todos lo hemos tenido como experiencia. Yo escribo sobre esa experiencia. Y en mi terapia se define: cómo están en este momento, qué estrategias usan para sobrevivir y qué han usado a lo largo de su vida, porque eso los ayudó a sobrevivir en el pasado. En My Daughter's Eyes and Other Stories, tengo una historia sobre el trauma sexual. Tengo historias de adolescentes que están traumatizadas por la opresión de un sistema patriarcal. Mi familia puede leer el libro y decir: “¿Pero y a dónde está este abusador sexual? ¿Es un cuento, no es cierto?”. Creen que todo lo que uno escribe es cierto. Tengo una historia en el libro donde una mujer se va a casar y él dice: “Yo hice algo que no debería haber hecho; tengo a alguien encinta en la República Dominicana. Yo quiero casarme contigo.” Pues yo leí esa historia un día y alguien me dijo: “Lo siento que eso te haya pasado”, pero no me pasó. Entiendo que el arte y la vida interactúan de un modo u otro. Creo que esas cosas son universales. Escribir ayuda emocionalmente; me ayuda a lidiar con lo que oigo y a poner las cosas en perspectiva. No es una forma de escape, sino de integración.
¿Cuándo tu creatividad toma cuerpo?
Cuando estaba haciendo mi tesis de 200 páginas para el doctorado, me dije: si puedo hacer esto, puedo escribir mis cuentos y hacer un libro. Empecé a asistir a grupos literarios y leer mis cuentos en público, y me preguntaban cuándo los iba a publicar. Un día encontré un libro en el que la contraportada de la editorial mencionaba la misión de promover la justicia social. Le escribí al editor para decirle que quisiera que me publicaran. El editor me escribió y me dijo: “¿Por qué no mandas tu manuscrito al concurso y, si ganas, te publican?” Los mandé dos años consecutivos y fui finalista, pero no gané. Leí un artículo que decía cómo hacer una novela de una colección de cuentos. Porque mis historias eran separadas. Mis cuentos eran sobre primas y los arreglé como si todas vivieran en un mismo sitio. Lo mandé por tercera vez en 2007 y gané el premio Marmol. El editor de Curbstone Press me llamó y me dijo: “Yo no me voy a morir hasta que este libro salga.” En julio se publicó My Daughter's Eyes and Other Stories. El murió seis meses después.
¿Cómo empiezas a hacer collages?
Siempre hacía collages, ya mi primer esposo, que falleció, me construyó un espacio en el sótano. Comencé a leer más sobre el collage. Hacía libros como arte; los regalaba. Tomé unas clases con Talbot y él tenía en el estudio periódicos del siglo 19 y decía: “Corten esos papeles y hagan algo”. Yo no quería tocarlos. Después de hacer collage a mano, comencé a hacerlos digitalmente.
¿Cómo llegaste al Valle del Hudson?
El Hudson Valley es un lugar de creatividad. En Estados Unidos soy una artista latina. Escribo nada más en inglés. Soy latina que escribe y hace arte en otro país, pero este siempre ha sido mi país desde que tenía tres años. No hay una distinción. Como todo en mi vida, simplemente hago arte, no totalmente consciente de estar en este sitio, sino que lo hago porque mi alma no puede vivir sin hacerlo.
¿En qué estás trabajando?
El silencio y lo que uno dice siempre corren por las venas. Alguien que se ha criado en una familia durante una dictadura necesita canalizar sus traumas. Es interesante que yo haya escogido esta otra profesión de escritora y me dedique a ella, porque cuando uno escribe, uno publica y mantiene ese respeto al silencio y al pasado. Y también, al escribir, me he dado cuenta de cómo mantengo el silencio: no es miedo; a veces, simplemente sabiduría. Actualmente estoy trabajando con el cineasta Ari Kushner en piezas cortas de animación asistida por IA, basadas en imágenes oníricas y narrativa. Un proyecto traduce un sueño en un poema visual y otro explora un mundo distópico especulativo, imaginando la sanación y la responsabilidad a través del amor, el perdón y la dignidad humana, en lugar del castigo.
*Más sobre la artista en sus páginas web annecybaez.com y annecybaez.substack.com
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