Cultura y noticias hispanas del Valle del Hudson
La peluquera salvadoreña Maria Arias, en su local de Kingston. Foto de Julieta Littin Egana.
Una historia de peluquería
Por Luisa Torres
November 2026 “Y un día a las ocho y media de la noche, me habló y me dijo, María, ¿dónde estás? Todavía estoy en el salón, le dije, ya terminé mi última clienta. Siéntate que necesito hablar contigo. Yo te juro que pensé lo peor ". Esa llamada sería para la salvadoreña Maria Arias mucho más que una conversación con su jefa al final de una jornada de trabajo.
María Arias es estilista, esposa, madre de cuatro y abuela de dos. Llegó a Estados Unidos con la convicción de que su oficio le permitiría comenzar una nueva vida. Desde que era una niña, ayudaba a su hermana en la peluquería familiar. Así aprendió el oficio y se fue involucrando cada vez más. Alternaba el colegio con la peluquería y, a medida que crecía, su interés la llevó a estudiar en una escuela de belleza. Su hermana tuvo que cambiar de lugar de trabajo y María empezó a atender a sus clientes. Así, tuvo su primera peluquería en El Salvador.
María había viajado varias veces a Estados Unidos antes, pero quedarse significó empezar de nuevo. “Yo tenía un salón allá, y cuando vine acá, pues, las cosas se me hicieron más difíciles, tener que ir a la escuela de nuevo. Sentía como que estaba otra vez comenzando". Pese a sus treinta y cinco años de experiencia, necesitaba una nueva acreditación para ejercer legalmente. Quería establecerse y “vivir en Estados Unidos, no solo venir de paseo un par de meses y regresar a mi país. Es completamente diferente.”
María llegó a Kingston hace veinte años a donde unos familiares, y decidió tomar clases de peluquería en BOCES, una institución pública que ofrece programas de educación técnica y capacitación profesional para adultos. “Vine acá donde una ahijada. Ella me dijo que la escuela estaba muy cerca, a diez minutos”.
A la exigencia de conseguir la licencia, se sumaba el tener que hacerlo en inglés. “Es bien difícil cuando tú ya sabes hacer el trabajo. Pero desgraciadamente mi inglés me ponía una barrera para continuar.” Muchos entienden el sentimiento al enfrentarse por primera vez con el desafío de comunicarse en otro idioma y la frustración de no poder expresar sus ideas ni demostrar sus conocimientos. Ella igual resolvía. "Pagaba una maestra para que me ayudara a traducir el libro. Dos veces a la semana". Desde entonces resolvió aprender inglés. Hablar inglés hace parte de su sueño americano.
“No te miento que, en muchas ocasiones, ya toda mayor de edad, salía de esa escuela con lágrimas porque sentía que se burlaban de mí. Te lo juro. Y me dije, yo voy a aprender inglés. Yo voy a entender de qué están hablando.” No está sola, según datos del Censo, en el Valle del Mid-Hudson, casi el 23% habla otro idioma en casa que no es inglés. En 2023, el 12,2 % hablaba español en el hogar. Maria se sorprende de conocer personas cuyo inglés se limita a poder entender las instrucciones de los patrones.
Ni en momentos de dificultad ha considerado la idea de volver a El Salvador. Aunque le hubiera gustado que alguien le advirtiera de la rudeza del invierno, a María le gusta estar aquí. “Me sentí acogida por Kingston. Desde que estaba en la escuela, yo atendía clientes en mi casa”. La convicción de María la llevó a conseguir un trabajo en una peluquería.
La noche de la llamada, su jefa, que la había visto trabajar durante trece años, le ofreció venderle la peluquería. Una oportunidad para tener su propio negocio “Poner bellas a las mujeres de Estados Unidos de todos los diferentes países. Ese era mi sueño”. María una vez más logró dar un paso adelante para hacerlo realidad. "Esa misma noche, conseguí más de la mitad del dinero prestado y le dije, voy a agarrarte el salón".
En Maria 's Hair Salon siempre hay clientes. La peluquería es amplia y bonita “¿Viste mi planta? Es natural. Desde ahí comienza la buena energía. Aquí les ofrezco un lugar cálido, mucho cariño” y a sus empleadas “les ofrezco trabajar con el corazón, no con las manos”, que tienen clientes de todo el Valle del Hudson.
Para María, el amor y el apoyo de su familia han sido fundamentales. Al preguntarle qué consejo le daría a alguien que quisiera seguir una profesión como la suya, su respuesta refleja su propio camino: “Que le eche ganas. Que no se rinda. Porque a unas personas les toma más tiempo que a otras, pero lo logran”.
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María había viajado varias veces a Estados Unidos antes, pero quedarse significó empezar de nuevo. “Yo tenía un salón allá, y cuando vine acá, pues, las cosas se me hicieron más difíciles, tener que ir a la escuela de nuevo. Sentía como que estaba otra vez comenzando". Pese a sus treinta y cinco años de experiencia, necesitaba una nueva acreditación para ejercer legalmente. Quería establecerse y “vivir en Estados Unidos, no solo venir de paseo un par de meses y regresar a mi país. Es completamente diferente.”
María llegó a Kingston hace veinte años a donde unos familiares, y decidió tomar clases de peluquería en BOCES, una institución pública que ofrece programas de educación técnica y capacitación profesional para adultos. “Vine acá donde una ahijada. Ella me dijo que la escuela estaba muy cerca, a diez minutos”.
A la exigencia de conseguir la licencia, se sumaba el tener que hacerlo en inglés. “Es bien difícil cuando tú ya sabes hacer el trabajo. Pero desgraciadamente mi inglés me ponía una barrera para continuar.” Muchos entienden el sentimiento al enfrentarse por primera vez con el desafío de comunicarse en otro idioma y la frustración de no poder expresar sus ideas ni demostrar sus conocimientos. Ella igual resolvía. "Pagaba una maestra para que me ayudara a traducir el libro. Dos veces a la semana". Desde entonces resolvió aprender inglés. Hablar inglés hace parte de su sueño americano.
“No te miento que, en muchas ocasiones, ya toda mayor de edad, salía de esa escuela con lágrimas porque sentía que se burlaban de mí. Te lo juro. Y me dije, yo voy a aprender inglés. Yo voy a entender de qué están hablando.” No está sola, según datos del Censo, en el Valle del Mid-Hudson, casi el 23% habla otro idioma en casa que no es inglés. En 2023, el 12,2 % hablaba español en el hogar. Maria se sorprende de conocer personas cuyo inglés se limita a poder entender las instrucciones de los patrones.
Ni en momentos de dificultad ha considerado la idea de volver a El Salvador. Aunque le hubiera gustado que alguien le advirtiera de la rudeza del invierno, a María le gusta estar aquí. “Me sentí acogida por Kingston. Desde que estaba en la escuela, yo atendía clientes en mi casa”. La convicción de María la llevó a conseguir un trabajo en una peluquería.
La noche de la llamada, su jefa, que la había visto trabajar durante trece años, le ofreció venderle la peluquería. Una oportunidad para tener su propio negocio “Poner bellas a las mujeres de Estados Unidos de todos los diferentes países. Ese era mi sueño”. María una vez más logró dar un paso adelante para hacerlo realidad. "Esa misma noche, conseguí más de la mitad del dinero prestado y le dije, voy a agarrarte el salón".
En Maria 's Hair Salon siempre hay clientes. La peluquería es amplia y bonita “¿Viste mi planta? Es natural. Desde ahí comienza la buena energía. Aquí les ofrezco un lugar cálido, mucho cariño” y a sus empleadas “les ofrezco trabajar con el corazón, no con las manos”, que tienen clientes de todo el Valle del Hudson.
Para María, el amor y el apoyo de su familia han sido fundamentales. Al preguntarle qué consejo le daría a alguien que quisiera seguir una profesión como la suya, su respuesta refleja su propio camino: “Que le eche ganas. Que no se rinda. Porque a unas personas les toma más tiempo que a otras, pero lo logran”.
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