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Dos hermanas ecuatorianas, una historia de perseverancia

Por Andrés Pérez Rangel
June 2026
“Llegamos a este país con sueños y poquito a poquito, gracias al esfuerzo y a todos los sacrificios que cada persona hace, esos sueños se están cumpliendo”. Con esas palabras, Elba Uyaguari resume una historia que comenzó hace décadas en Bororona, una comunidad rural del cantón Gualaquiza, en la provincia ecuatoriana de Morona Santiago, y que hoy continúa escribiéndose en el Valle del Hudson.
Desde un pequeño pueblo de Ecuador hasta el Valle del Hudson, las hermanas Gloria y Elba Uyaguari han construido una vida marcada por el trabajo duro, la familia y la determinación de salir adelante.

Gloria Uyaguari y su hermana, Elba Uyaguari, crecieron en una familia numerosa de siete hermanos, donde aprendieron desde pequeñas los valores del esfuerzo, la responsabilidad y la perseverancia. Como muchas familias migrantes, sus caminos las llevaron lejos de casa, primero a Europa y luego a los Estados Unidos, siempre con la esperanza de encontrar mejores oportunidades.

“Como todo el mundo, uno busca superarse”, recuerda Gloria al explicar qué la impulsó a emigrar. Gloria llegó a los Estados Unidos en 2002, con apenas 19 años. 

Los primeros años no fueron fáciles. El idioma representó uno de los mayores desafíos. “Sentía que el inglés era imposible de aprender”, cuenta entre risas. Sin embargo, nunca dejó que esa barrera definiera su futuro. Con disciplina y esfuerzo constante fue encontrando su lugar.

Su primer empleo llegó de una manera sencilla y casi casual. Sin saber conducir, caminaba buscando oportunidades cuando vio un anuncio en una tintorería. “Entré y me contrataron”, recuerda.

Con el paso de los años, Gloria pasó de buscar empleo caminando por las calles a convertirse en propietaria de Gmar Cleaning, una empresa que hoy brinda oportunidades laborales a otros inmigrantes. Su hermana destaca que una de las mayores satisfacciones de verla crecer ha sido observar cómo abre puertas para otras personas de la comunidad. Hoy presta servicios en comunidades como Monroe, Chester y Highland Mills. En temporadas de mayor actividad, la empresa llega a emplear entre diez y quince trabajadores, muchos de ellos hispanos que encuentran allí su propia oportunidad para salir adelante.

Según datos recientes de la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense, la fuerza laboral hispana tiene una participación significativamente mayor en el trabajo por cuenta propia que otros grupos demográficos, reflejando una tendencia hacia el emprendimiento y la creación de oportunidades dentro de sus propias comunidades.

Para Elba, ver el crecimiento de su hermana ha sido una fuente permanente de inspiración. “Ella se ha enfocado en su negocio, como toda persona migrante. Todos los días es trabajar, trabajar y trabajar”, afirma.

Elba también construyó su propio recorrido migratorio. Salió de Ecuador a los 17 años para vivir en Madrid, donde estudió Educación Infantil y se forjó una carrera en el cuidado de niños. Más tarde obtuvo la ciudadanía española, una experiencia que le abrió nuevas oportunidades académicas y laborales.

Cuando visitó a su hermana en Estados Unidos descubrió otro futuro posible. “Me gustó Estados Unidos. Hice un análisis personal, decidí quedarme y formar un hogar”, recuerda. Hoy vive en Newburgh junto a su esposo y sus dos hijos, mientras combina la crianza familiar con su labor en la educación infantil y el apoyo ocasional al negocio de su hermana.

El amor de Elba por la educación infantil es tal que no lo considera un trabajo, sino una vocación. Formada como Técnico Superior en Educación Infantil en España, ha dedicado gran parte de su vida al cuidado y acompañamiento de los más pequeños. “Me gusta mucho trabajar con niños pequeños. No lo veo como trabajo; para mí es algo bonito”, cuenta. 

Actualmente combina su vida familiar con empleos en centros educativos y labores de voluntariado con niños, una actividad que le brinda una profunda satisfacción personal. Siempre en busca de nuevas herramientas para servir mejor a su comunidad y a su familia, continúa capacitándose constantemente. Hace poco completó un curso de CPR (reanimación cardiopulmonar) y asegura que seguirá preparándose en todo aquello que le permita crecer tanto en lo profesional como en lo personal.

La historia de las hermanas Uyaguari también es una historia de acompañamiento. Cuando Elba habla de Gloria, lo hace con admiración y gratitud. La recuerda como la hermana que llegó primero, enfrentó sola los desafíos de un nuevo país y fue construyendo un camino que más tarde serviría de guía para el resto de la familia. 

Para Gloria, cada paso dado durante más de dos décadas en Estados Unidos ha estado guiado por un mismo propósito: crear estabilidad para su familia y abrir oportunidades para la siguiente generación. Mientras hacía crecer su negocio de limpieza, también asumió el desafío de criar a su hijo y adaptarse a una nueva cultura e idioma. Elba destaca su constancia y capacidad de trabajo. “Ella va adelante con sus experiencias y yo voy detrás”, dice Elba. Esa relación de apoyo mutuo sigue presente hoy. 

“La vida de una mujer aquí en Estados Unidos es dura: ser mamá, esposa, trabajadora y además tener sueños y metas”, reflexiona. “A veces toca luchar incluso con la salud física y mental, pero seguimos adelante”.

A pesar de los años transcurridos, ambas coinciden en que el idioma continúa siendo uno de los retos más importantes. “Uno como extranjero aquí tiene muchas barreras, pero hay que derribarlas poco a poco para poder realizar ese sueño que queremos cumplir”, dice Elba.

Sin embargo, lejos de rendirse, las hermanas siguen aprendiendo. “Estamos ahí dándole cada día, aprendiendo, riéndonos que a veces nuestra pronunciación no es buena, pero le echamos ganas. Porque detrás de nosotros hay niños”.

Y precisamente son los hijos quienes representan la ilusión más grande de ambas. Gloria habla con orgullo de su hijo de 21 años, estudiante de Arquitectura, quien pronto concluirá sus estudios universitarios. “Mi mayor sueño es que mi hijo termine la universidad y pueda poner su propio negocio”, afirma.

Para las hermanas Uyaguari, el éxito no se mide únicamente por lo material. También está en ver a una nueva generación crecer con oportunidades que ellas no tuvieron. “Yo creo que nuestros antepasados estarían contentos de que llegamos acá y nos pusimos a trabajar”, dice Elba.

La familia continúa siendo el centro de sus vidas. Mantienen el contacto con sus padres, que las visitan cada verano, y con los hermanos que permanecen en Ecuador o viven en Europa. Entre jornadas laborales, celebraciones familiares y los desafíos cotidianos, procuran mantener vivas las tradiciones que heredaron de sus raíces.

“No venimos a quitar nada”, afirma Elba. “Al contrario, yo creo que aportamos mucho con la juventud nuestra, con las ganas de continuar construyendo al país que nos da la oportunidad de tener un sueño cumplido”.

Después de más de dos décadas lejos de Ecuador, Gloria tiene claro dónde quiere seguir construyendo su futuro: “Si me preguntan dónde quiero vivir, prefiero aquí. Ya me acostumbré y me gusta mucho vivir aquí”.

Su historia, es la prueba de que los logros rara vez se cumplen de un día para otro. Y para las hermanas Uyaguari, la historia todavía continúa. Como dice Elba: “Hay muchos sueños por avanzar, por cumplir”.


*Esta nota fue escrita en colaboración con Tania Ladino

 

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