Cultura y noticias hispanas del Valle del Hudson
Annecy Báez: El silencio deambulando por las venas como el aire por las habitaciones llenas de recuerdos
Por Camilo Rojas
March 2026 Annecy Báez, nació en la República Dominicana con una historia vinculada a la dictadura de Trujillo, criada en el Bronx, pasó su vida adulta en el Valle del Hudson. Psicóloga de profesión y profesora universitaria, pero escritora y artista visual de corazón. Ganadora del premio Marmol en el 2007 por el libro “My Daughter's Eyes and Other Stories”, publicado por Curbstone Press y distribuido por Northwestern University. Tienen un doctorado en sicología de NYU.
Camilo Rojas
¿Qué significa ser latinoamericano y, en particular, dominicana?
Annecy Baez
No veo ninguna distinción; culturalmente, hay un lenguaje latinoamericano distinto, aunque todos hablamos español. A mí me encanta ver el uso del lenguaje; ser dominicana es que, en mi cultura, hay tanta diferencia entre lo que una persona dice que es dominicano. Yo creo que a veces también la religiosidad es parte de eso. Cosa de que yo me crié en una familia muy abierta a diferentes formas de religiosidad, y creo que en mi familia lo espiritual era lo familiar: los valores y la religión guiaban a uno. Mi papá fue el primero en venir a Estados Unidos y después vinieron otras familias a las que él ayudó. Pero siempre me decía: todo el mundo va a tener diferentes puntos de vista y visiones religiosas, porque venían familias evangélicas y pentecostales, y mi papá era más abierto a todas las religiones. Él tenía su tradición, pero era una persona abierta, y también teníamos muchas amistades que eran totalmente diferentes: gays y lesbianas. Él apreciaba a todos, pero no todo el mundo era así. Cosa de que, cuando yo pienso en la dominicanidad, tengo que pensar en quién soy dentro de la cultura dominicana, porque era yo. Mi familia, mi papá, mi mamá: ese grupo era un poco diferente, más abierto a cosas diversas. Para mi papá, venir aquí era una oportunidad de ser quien uno quería ser. Para él, América era el país de la libertad en todos los niveles.
CR:
¿Qué hacían tus papás?
AB:
Su familia siempre trabajaba en política militar. Cuando vino aquí, era diferente. Pero mi familia, y eso es algo de lo que no hablo mucho, mi papá era una persona cuya familia era muy trujillista. Y mi papá era una persona muy justa y muy estudiosa. Él fue a una escuela militar en Argentina, de lo que estaba muy orgulloso. Como muchas personas en ese tiempo, era coronel; trabajaba en el ámbito militar.
CR:
¿Qué pensaba tu papá de Trujillo?
AB:
Mi papá siempre me decía que, de vez en cuando, él pensaba que había algo no normal en Trujillo, que algo mentalmente estaba pasando con él, o una forma, vamos a decir, de paranoia o de demencia. Yo estaba escribiendo algo sobre la neurología, la neurobiología y la autocracia, porque hay algo que pasa cuando uno tiene tanto poder: algo cambia la mente. Yo estaba en una clase de neurología sobre el trauma, pero dije: la neurobiología de la autocracia o la dictadura hace algo, cambia algo en la mente.
CR:
¿Cómo cambió la dinámica de la familia en la República Dominicana y aquí en Nueva York?
AB:
Cuando mi papá llegó a Estados Unidos, yo sé que él trabajaba en una fábrica en Westchester con personas como él que habían venido de la República Dominicana.
Ya por mi familia, los niños eran niños y los padres eran padres; los niños no sabían nada de lo que estaba pasando. El silencio era bien importante y fuimos criados guardando silencio, sin decir nada ni revelar quiénes éramos. Era un tiempo peligroso porque si la familia trabajaba para Trujillo, todo el mundo sentía que esa familia debía pagar por lo que había pasado, aunque uno no sabía exactamente qué había pasado, por lo que nosotros no nos quedábamos en un sitio por mucho tiempo. El pasado se convirtió en silencio. En ese caso, el silencio era un modo de sobrevivir.
CR:
Y eso ha determinado tu visión del mundo, en el sentido de que escribir, pintar, dibujar y hacer collage han sido definidos por ese silencio; ¿quieres recuperar tu forma de expresión?
AB:
Yo creo que el arte y la escritura, para mí, eran una forma de mantener calmado mi sistema nervioso. Cuando yo era niña, siempre estaba pintando, haciendo historias y jugando con mis muñecas, que me contaban historias. Cosa de que era un modo de mantenerse ocupado. Además, hubo un tiempo en el que no sé exactamente qué pasó ni si mis padres desaparecieron. Yo no sé si fue por inmigración, porque la gente no habla, pero inmigración iba a las casas de uno y los llevaba. En ese tiempo no era algo de lo que se hablaba mucho. Y como los niños no podían hablar ni nada, no le decían nada a uno. Yo sé que ellos desaparecieron. Pero tres personas vinieron a mi casa para cuidarnos. Eran personas increíbles. Y dos de los hombres que estaban ahí, Monchy y Abraham, eran gays. Tatica era una lesbiana muy espiritual. Y Monchy y Abraham eran artistas y bailadores. Monchy era una persona transexual. Él tenía fotos suyas como mujer. Y él decía que esa era su hermana, pero su hermana nunca podía estar en la casa cuando él estaba en ella. Y ellos trajeron música, baile, arte y toda esta belleza. Y yo siempre recuerdo ello con una felicidad en mi alma, porque mis padres se habían ido. Yo no sabía qué había pasado, así que me quedé con ellos. Y bueno, mi hermana, que era como mi mamá, estaba ahí. Nosotros vivíamos en un apartamento grande. Y estaban mi hermana y dos primas, de la misma edad que ella. Y ellos eran como nuestros guardianes, verdaderamente. Eso pasó en 1960 o 1963. Yo no sé si Kennedy ya se había muerto, porque recuerdo que cuando murió, pensé que era mi papá quien se había muerto, porque, como lo tenía en tanta estima, creía que todo el mundo estaba llorando por él. Y como niña, yo mezclé los dos tiempos.
CR:
¿Por cuánto tiempo no estuvieron en tu vida?
AB:
Yo no sé. Tiene que haber sido poco. Porque recuerdo el día en que mi papá me llamó para decirme que volvía y que no podía hablar; yo estaba llorando cuando oí su voz. Pero nosotros nos fuimos de la República Dominicana a España, primero a Barcelona y después, desde Barcelona, vinimos al Bronx en el 62.
CR:
Cuando Trujillo fue asesinado en 1961, tras 31 años en el poder, el cambio de gobierno transformó todo. ¿Y eso fue lo que hizo que tus padres vinieran a Nueva York?
AB:
No, no sé. Puede haber sido menos. ¿Por qué no iba a estar fuera? Si era por razones de inmigración, eso ya se iba a resolver.
CR:
¿Pero regresar a la República Dominicana era un riesgo?
AB:
No, nosotros no volvimos a la República Dominicana.
CR:
¿Pero tus papás no volvieron a la República Dominicana durante muchos años porque representaba un riesgo político?
AB:
En este caso era muy peligroso. Nosotros volvimos a la República Dominicana en los 70. Mi papá ya quería volver; la situación estaba mejor.
CR:
Mejor, ¿qué había cambiado?
AB:
Él volvía a trabajar para Balaguer.
CR:
¿Pero tú te quedaste aquí en Nueva York cuando él regresó a la República Dominicana? ¿Tú regresaste a la República Dominicana con él?
AB:
Tuve. Yo era una adolescente; tuve que volver con él. Y estuve allá durante tres años.
CR:
¿Y cuándo regresan a Nueva York?
AB:
Yo fui a la República Dominicana cuando tenía 13 años y volví a Nueva York cuando tenía 15 porque mi mamá tenía cáncer.
CR:
¿Y por qué regresas a Nueva York a los 15 años?
AB:
Porque el gobierno estaba cambiando y mi papá pensó que era muy peligroso y ya se estaba muriendo. Y él quería que yo asistiera a la universidad aquí. Él quería que yo estudiara aquí para poder continuar en la universidad. Estudie psicología. Yo quería quedarme con mi hermana, con quien me crié y que era como mi mamá. Y me quedé con ella. Solo mis padres regresaron a la República Dominicana.
CR:
Psicología. ¿Cómo te lleva a escribir y hacer arte?
AB:
Yo estaba haciendo arte y escribiendo desde la adolescencia, pero escribir en Santo Domingo era peligroso. Y mi papá no quería que yo escribiera ni que me pusiera de profesor de literatura. Él decía que los reporteros lo estaban matando, que eso era muy peligroso, que no quería que yo escribiera, que cogiera una profesión que me ayudara a ganar dinero. Cuando yo fui a la universidad, yo no tenía a nadie que me ayudara a escoger una profesión que yo pensara que era la correcta. Para mí, las únicas opciones eran la psicología o ser profesora. Las maestras que conocí en la universidad fueron como mis padres. Prácticamente, ellos me ayudaron porque lo que para mí era más importante —entender a las personas. Pero yo estaba muy interesada en la comunidad y en las organizaciones, no solo en el individuo, sino también en la sociedad y en la justicia en Santo Domingo. Todo lo que quería hacer era ayudar al pueblo. Cuando me gradué de la universidad, mi investigación se centraba en la creatividad y la esquizofrenia. Yo quería entender la creatividad y la enfermedad mental. Y después de graduarme, trabajé en el Bronx Psychiatric Hospital con personas que padecían esquizofrenia. Paralelamente, comencé a estudiar creatividad y arte y mantenía mi energía en esa área.
CR:
¿Y en tu experiencia en ese momento, qué encontraste tú en la relación entre la esquizofrenia y la creatividad?
AB:
Las personas con esquizofrenia presentaban una situación neurobiológica. Era una situación neurobiológica y todo el mundo tenía esa creatividad y esa capacidad. No tenían inhibición. Ellos estaban pintando y haciendo todo lo que sentían y experimentaban. Cosa de que la creatividad de ellos tenía un espacio donde podían hacer de todo. Ellos cogían un papel y lo pintaban todo. Era el alma pintando el alma, escribiendo el alma. Y yo pensaba: guau, ¿cómo puede alguien que no tiene esquizofrenia tener tantas restricciones?
CR:
¿Cuál fue tu experiencia en ese momento?
AB:
En ese momento yo hacía arte, no porque nadie me lo dijera. Era algo en mi alma. Yo tenía diarios visuales. El mundo, para mí, era totalmente creativo, pero no era como cuando yo decía: «hoy voy a crear». Yo andaba con una libreta y todo el mundo todavía me dice que andaba con una libreta desde niña. Escribió y pintó, y para mí también, en ese tiempo, cuando yo estaba en Santo Domingo, en la República Dominicana, como en muchos países latinoamericanos, había poesía en los periódicos. Yo cogía los periódicos y cortaba las poesías y las ponía en mi diario. Yo no podía creer que en el periódico pudiera existir la política junto con el arte y la poesía. Santo Domingo era un lugar para mí en el que la poesía y el arte eran constantes. No había separación. Era en la música, en lo que uno hablaba, como uno hablaba. Era como si todo el mundo fuera un poeta; yo decía: «wow». Y mi adoración por la poesía y el arte se formó gracias a esos profesores, que eran mis mentores y los adoraban. Ellos no veían ninguna distinción. Cuando vine a NY, mis profesores se dieron cuenta de que yo estaba enamorada de la literatura y me invitaban a cosas que estaban haciendo; pedían permiso para llevarnos a ver El jardín de cerezos de Chéjov en Broadway. Fue arte y literatura. Y cuando yo llegué al Bronx, profesores que vieron mi adoración a la literatura me decían, tú debes de coger este curso de literatura judía y clásica. Y yo creo que la cultura latina tiene este amor por la literatura y el arte y que es parte de nuestra cultura. Como nuestro valor es nuestra cultura, eso fue parte de mí. Yo hacía arte como parte de todo. Y todavía continúo así.
CR:
¿En qué momento tu trabajo creativo toma forma y deja de ser, hasta cierto punto, un hobby para convertirse en la parte central de tu vida?
AB:
Yo verdaderamente estaba haciendo arte y escribiendo desde la adolescencia, pero cuando estábamos en Santo Domingo, escribir era peligroso. Y mi papá no quería que yo escribiera ni que me pusiera de profesor de literatura. Él decía que estaban matando a los reporteros. Todos los reporteros los estaban matando, que eso era muy peligroso, que no quería que yo escribiera, que cogiera una profesión que me ayudara a ganar dinero. Cuando yo fui a la universidad, yo no tenía a nadie que me ayudara a escoger una profesión que yo pensara que era la correcta. Para mí, las únicas opciones eran la psicología o ser profesora. Las maestras que conocí en la universidad fueron como mis padres. Prácticamente, ellos me ayudaron porque para mí lo más importante era entender a las personas. Pero yo estaba muy interesada en la comunidad y en las organizaciones, no solo en el individuo, sino también en la sociedad y en la justicia en Santo Domingo. Mi escuela era católica y siempre teníamos que ayudar a la comunidad y hacer cosas por ella. Yo tenía esta mentalidad, sociológica, de justicia social, todo eso para el pueblo. Todo lo que quería hacer era ayudar al pueblo. Entonces estaba en un programa de psicología experimental, donde nada más investigaba. Y yo quería ayudar a las personas. Yo conocí una profesora, ella me dijo, mira, si tú quieres, quédate, quédate otro semestre. Y mi programa, que era Human Behavior, ella dijo: «Eso es todo». Tome una clase de sicología del niño. Ella me abrió un mundo nuevo. Y yo me quedé otro semestre para hacer ese doble mayor. ¿Pero después, cuando yo estaba en una clase de investigación donde se hacía psychological textual, esa profesora me dijo: «Después de que se gradúe, busca un trabajo de social work; tú vas a estar trabajando con la comunidad»? Y eso me ayudó a buscar trabajo. Digo, cuando yo me gradué de la universidad, mi investigación, porque todos teníamos que hacer una investigación, era sobre creatividad y esquizofrenia. Porque yo estaba interesada en eso. Yo vi a muchas personas amigas mías a las que les había dado esquizofrenia y yo no entendía por qué. Y ellos eran creativos e increíbles. Y yo quería entender la creatividad y la enfermedad mental. Y después de graduarme, trabajé en el Bronx Psychiatric Hospital con personas que padecían esquizofrenia. Ahí yo conocí a todas las trabajadoras sociales, que eran increíbles al trabajar con las familias. Y también conocí Art Therapist. Y la art therapist era increíble. Pero en ese tiempo alguien me dijo: no haga art therapy porque era difícil conseguir un trabajo como art therapist. Ella me dijo: "Ve a social work y continúa haciendo art therapy. Eso fue lo que yo hice. Cogí de ahí mi maestría: Social Work, para trabajar y ser psicóloga. Pero al lado estaba estudiando creativity art y mantenía mi energía en esa área.
Después decidí ir a la Universidad de NYU para hacer el doctorado. Y el doctorado en ese tiempo en NYU era psicoanalítico, y mis amistades, que eran mayores que yo, como mis mentores y supervisores en la clínica donde yo trabajaba, pensaron que me iba a ir bien en el programa, y yo apliqué y me aceptaron. Cuando terminé mi tesis, estaba estudiando mi propia literatura. Iba a la biblioteca y buscaba libros; estudié a ese autor hasta leer todas sus historias. Y después cogía otro y así leía a un montón de escritores. Entonces, en ese tiempo yo no sabía dónde encontrar a un grupo de escritores; nada de eso existía. Terminé el doctorado y hice mi tesis, de unas 200 páginas, y me dije: si yo puedo hacer esta tesis, yo puedo escribir cuentos y hacer un libro. ¿Quién dijo que yo no lo podía hacer?
Comencé a asistir a grupos de escritores en Westchester. Y en ese grupo escribí todos los cuentos; me decían: «no, continúa aquí, continúa allá». Como Alison Wonderland. Dime de esa prima, dime de la otra prima. Cada una de las que yo escribí fue por ese grupo y, después, por el grupo de americanos. Y yo también quería estar en un grupo con personas que no eran nada más americanas, sino de color. Y entonces, después de estar en ese grupo durante tres años, apliqué a Frederick Douglass para entrar en un grupo de escritores latinos y afroamericanos. Yo estaba tan contenta. Yo viajaba desde Westchester hasta 90 Street para asistir a ese curso. Pero ahí conocí a Nelly Rosario, una escritora dominicana. Ella se había graduado del MIT en ingeniería y estaba postulando al MFA de Columbia. Y ella conocía a un grupo en Queens que era de latinos, por una mujer llamada Daisy Coco de Felipe, que eventualmente es presidenta de una universidad. Ella tenía un grupo; su esposo, italiano, hacía toda la comida para nosotros. Llegábamos ahí como a las 12 de la tarde, comíamos, escribíamos y leíamos el día entero, una vez al mes. Y ahí conocí a muchos escritores dominicanos que eran poetas que yo había leído. Y yo no podía creer que estuviera en la presencia de tantas personas que respetaba como escritores. Y fue Nelly quien me recomendó ese grupo. Y después, Nelly conoció a Angie Cruz, quien nos presentó a Junot Díaz. Entonces, en ese tiempo íbamos de sitio en sitio a ver a Junót. Y fue un tiempo muy creativo. Pero yo tenía una niña chiquita y me la llevaba a todas partes. Ella se crió en poesía y de lectura en lectura. Y mi esposo era muy comprensivo y editaba la mayor parte de lo que yo escribía. Y después de Frederick Douglass, lo que hice fue: iba siempre a leer y las personas me decían: «¿Cuándo va a salir tu libro?» Y yo les decía: «Oh, como que nunca pensaba en poner todas las historias juntas». Y un día dije: «No, todo el mundo me está preguntando cuándo voy a sacar este libro». Pero como era directora de un programa, eventualmente me convertí en terapeuta familiar de niños y adolescentes. Yo era la directora de un programa de trauma. ¿Y ese programa era, la mayoría de las veces, para niños que habían sido abusados sexualmente, y ellos vivían conmigo y yo hacía todos los análisis y todo eso? Pues yo estaba escribiendo en ese momento y decidí: sabía que no iba a poder conseguir un agente que me representara. Primero, yo tenía un trabajo a tiempo completo. Ellos van a buscar a una persona totalmente dedicada a la escritura a tiempo completo. ¿Y qué está escribiendo y publicando? Yo no podía hacer eso. Yo leía mucho en Poets & Writers, que daba muchos consejos, y una vez dio un consejo: que se buscara una pequeñita publicación y le mandaran el libro; ese era un modo de hacerlo publicar. Pero por casualidad, un día estaba en Barnes y encontré un libro que se llamaba “Yo Soy la Avan Lady”, y en la contraportada del libro había una misión de justicia social. Yo dije: ¿Qué libro es este? Yo no podía creer que tuviera una misión tan increíble. Yo dije: ¿Quién es el publicista? Y yo le escribí al editor. Le dije: "Su misión es totalmente de justicia social. Es increíble. Yo quiero publicar con ustedes." Entonces, el editor me escribió y me dijo: «¿Por qué no mandas tu manuscrito al concurso y, si ganas, te publican? Yo dije, OK. Yo lo mandé ese año y fui finalista, pero no gané. Entonces yo lo mandé en el segundo año; fui finalista y no gané. Entonces él me llamó y me dio un consejo que era muy inaudito. Me dio un consejo sobre cómo mejorarlo. Y yo leí un artículo en Poets Writers. Una señora escribió un artículo y decía cómo coger una colección de cuentos y hacerlos como una novela. Porque mis historias eran separadas, muchachas diferentes. Entonces el artículo verdaderamente estaba dirigido a todas las primas que están en el mismo edificio. Entonces yo la hice a todas las primas, arreglé el libro como la señora lo explicó en el artículo y lo mandé una tercera vez. Yo había leído que la persona que estaba leyendo mi libro lo había elegido y había ganado el premio de mármol en 2007. Yo había leído todo lo que él había escrito. Él era como un escritor, como un fantasma mentor mío; se llamaba Benjamín Sainz. Yo había leído todo lo que él había escrito y él escribe sobre temas profundos. Hasta había escrito un libro: una novela sobre una muchacha secuestrada que creció con el hombre que la abusó sexualmente. Y lo que pasa en una situación así: él escribe sobre varias cosas; cuando yo vi que era él, yo dije: oh, my God, si él supiera que yo he leído tantas de las cosas que él ha escrito. Y entonces, eso fue en 2007. Y después, el editor de Curbstone Press estaba muy enfermo y me lo dijo: «No te apures; vamos a ver si el libro sale». Yo no me voy a morir hasta que este libro salga. Y eso fue en julio de 2007 y él murió seis meses después.
CR:
¿Cuál era el título del libro?
AB:
My Daughter's Eyes and Other Stories.
CR:
¿Cómo empiezas a hacer collages?
AB:
Yo siempre hacía collages y a mi primer esposo, que se murió, le encantaba que los hiciera; me hizo un espacio en el sótano para trabajar. Y cuando yo hacía collages, él aquí lo tiene en la casa nueva; yo estoy casada de nuevo. Pero yo tengo dos collages que hice y que me encantaron, y me los he hecho en un marco hermoso porque me encantaron. Cuando yo estaba haciendo collages en casa, fue algo que surgió así. Normalmente yo siempre estaba cortando cosas y poniéndolas en mi diario. Cogía muchas cosas; vamos a decir, todo lo que hacía esa semana lo anotaba en mi diario. Hacía collages. Comencé a leer más sobre el collage. Me dije: yo puedo hacer esto y hacía libritos como arte; los regalaba a mis amistades. Y así fue como yo comencé. Decidí que debería estudiar con alguien. Y había un libro de collage que a mí me gustaba mucho por un hombre que se llamaba Talbot. Y yo le dije a mi esposo: «Quiero estudiar con él; voy a escribirle». Y le escribí y él me dijo: "Yo tengo clases los fines de semana". Le gustó un collage mío. Él tenía en el estudio periódicos de mil ocho cientos y decía: «Corten esos papeles y hagan algo». Y yo no quería tocarlos. Tenían como cien años. Pero continué. Después de hacer collage a mano, comencé a hacerlo digitalmente en la computadora. A veces tomo fotos, las guardo en la computadora y las edito digitalmente. Ahora estoy trabajando con un instituto llamado KOLAJ Collage Institute en Nueva Orleans. Y estoy tratando de poner una serie de libros de cuentos con collage. Es excitante.
CR:
¿Cómo terminaste aquí en el Hudson Valley?
AB:
Cuando me casé, vivía en Westchester con mi primer esposo. Coincidentemente, el programa que yo estaba supervisando, dirigido por Andrew's Children's Home, era el Diagnostic Center de Niños Traumatizados y yo era su directora. Y eso era en un estado de 200 hectáreas. Yo viví en el estado durante unos 10 años y después teníamos suficiente dinero para comprar una casita en Irvington. Cuando mi primer esposo murió y, después, cuando conocí a mi nuevo esposo, él tenía una casa aquí, en el upstate. Yo vendí la casa y me mudé aquí con él. Siempre he estado en el Hudson Valley.
CR:
¿Qué significa para ti, Hudson Valley, ser latinoamericano al mismo tiempo?
AB:
Yo veo el Hudson Valley como un lugar de creatividad. Actualmente, en Estados Unidos, soy una escritora o artista latina. Puede que no me considere mucho artista dominicana porque me he criado aquí. Escribo nada más en inglés. Sí, soy una persona latina que escribe o hace arte en otro país, pero este siempre ha sido mi país desde que tenía tres años. Como que no hay una distinción. Y también, como siempre en mi vida, yo simplemente hago arte, no totalmente consciente de estar en este sitio, sino que lo hago porque mi alma no puede vivir sin hacerlo.
CR:
¿Cómo ha influido tu experiencia en la psicología y en el lidiar con los traumas de otros en tu creación, en tu proceso creativo, en el collage y en la escritura?
AB:
Me di cuenta de que nunca escribo sobre mis clientes. Tengo una ética que debo mantener. Mis clientes nunca van a aparecer en mis cuentos. Es como algo totalmente separado. Pero la experiencia de mis clientes es universal. No es simplemente la experiencia de ellos, la de tristeza, luto o pena. Todos lo hemos tenido como experiencia. Yo escribo sobre esa experiencia. Ahora, lo que he aprendido sobre el trauma y cómo se manifiesta en una persona cuando ha tenido experiencias en la niñez. Y en mi terapia es más: cómo están ahora en este momento, qué estrategias usan para sobrevivir y qué han usado toda su vida, porque eso los ayudó a sobrevivir en el pasado. Esas experiencias las veo cada vez más en lo que escribo ahora. Yo veía más del trauma sexual en mi historia de antes. Por ejemplo, en My Daughter's Eyes and Other Stories, tengo una historia sobre trauma sexual porque era lo que yo hacía. Tengo historias de adolescentes que están traumatizadas por la opresión de un sistema patriarcal. ¿Pero es algo que yo estaba viendo? Si yo me doy cuenta, mi familia puede leer el libro y decir: «¿Pero y a dónde está este abusador sexual? ¿Es una historia, no es cierto? Pero las personas creen que todo lo que uno escribe es cierto. ¿Qué pasó de verdad? Yo tengo una historia en el libro “My Daughter's Eyes” donde una mujer se va a casar con un hombre que ahora mismo le ha dicho: «Yo hice algo que no debería haber hecho». Y tengo una persona encinta en la República Dominicana. Pero yo quiero casarme contigo. Ahora tiene que tomar una decisión. Pues yo leí esa historia un día y alguien me dijo: "Lo siento que eso te haya pasado, pero no me pasó. Pero yo entiendo esa traición; yo entiendo esa cosa de que el arte y la vida de uno, y el trabajo de uno interactúan de un modo u otro, esto es, en realidad. Esas experiencias, de un modo interesante, la teoría integra el cuento, el trauma y lo que uno pasa. Pero yo creo que esas cosas son universales. Ahora, yo creo que escribir ayuda emocionalmente, ayuda a uno a lidiar con lo que es. Para mí, escribir me ayudó emocionalmente en un momento en que escuchaba cuentos de trauma; me ayudó a lidiar con lo que oía y a poner las cosas en perspectiva.
CR:
¿Fue una forma de escape?
AB:
Una forma, no de escape, sino de integración.
CR:
¿Qué mecanismo utilizas para separar esos traumas día a día y poder salir de esas trampas, si se quiere, tanto sociales como mentales?
AB:
Yo creo que es importante, para una terapista, que uno cuente con su terapista, ya que he sido terapista desde hace muchos años. Yo sabía que no podía hacer eso sola. Yo tomaba cursos que ayudaban a entender qué es el trauma. Se llama vicarious traumatization. Yo cogí un curso que me ayudó a entender que lo que yo estaba haciendo como arte, fotografía, pintar, todo eso era un modo de ayudarme a mí misma a mantener un rito de creatividad que me ayudaba a ver lo que veía. Mi esposo era una persona muy sensible. Yo sabía que tenía que mantener el trabajo fuera de mi casa. Además, vivía en la propiedad del programa, por lo que nunca salía de ahí. Creo que encontrar los grupos de escritura me ayudó mucho porque, al viajar para ir a una lectura, estaba haciendo cosas creativas. También comencé a practicar la meditación Zen en ese tiempo. Comencé a ir a ese centro y mi camino era el de la meditación y el Zen. Otra cosa que yo hacía mucho era yoga, pero principalmente el Kundalini yoga era muy devocional, con mucha música y baile. A mi esposo, cuando estaba en proceso de morir, lo llevaba a clases de Kundalini que le ayudaban. Aunque no podía hacer nada más, estar ahí le ayudaba a pasar de esta vida a la otra. Era como un ritual holístico para lidiar con esos traumas.
CR:
¿En qué estás trabajando, además de ser terapista?
AB:
Estoy trabajando en hacer algunas de las historias en cuentos pequeños como zines con collage. Y también estoy simplemente publicando una colección de cuentos. A ver, son cuentos publicados en Internet y en varios diarios. Y una amiga mía, Nelly Rosario, me dijo que sería una buena idea recopilar todo lo que has publicado y publicarlo como un libro. Yo estaba en el Hudson Valley Writer Center. Un día leí un cuento llamado «Besos de mariposa» en inglés y alguien me dijo: «¿Lo puedo poner en mi antología? Y yo dije: sí, claro. Él lo puso en el Hudson Valley Anthology y después yo lo leí en otro sitio porque alguien quería traducirlo al español, alguien de una, alguien que trabajaba con una publicitaria de España y yo le dije: sí, sí, tradúcelo. Y él hizo un trabajo tan bello. Ahora yo lo podía leer en español, alguien lo oyó en inglés, alguien lo quería traducir al español y lo publicaron en español. Todos esos cuentos que han sido traducidos al inglés y al español, yo quería ponerlos juntos en una antología diferente; los puse y los mandé a una competencia a ver qué pasa. Y si no pasa nada ahora, lo tengo junto; puedo mandarlo a otro sitio. Porque en mi trabajo ahora, que es en una universidad, creo que he sido bien cuidadosa, porque mi papá crió a una persona cuidadosa y escribió a una persona que entiende las políticas del tiempo. Cosa de que mientras yo estaba trabajando en la universidad donde yo trabajo ahora, yo decidí que yo iba a escribir y escribir y guardar, escribir, escribir y guardar hasta que fuera el tiempo necesario para yo entonces comenzar a publicar. Y cuando el tiempo se vino durante la pandemia, yo comencé a mandar cosas de publicación, pero me cogió un tiempo, una porque yo estaba grieving the loss of my husband, otra, yo no pensé que era correcto en ese momento tenía que aprender mi trabajo en la universidad y ser profesora y yo no creía que podía mantener eso de escribir cuento y que todo el mundo esté ah, Aresi escribe un cuento. Estoy trabajando como profesora y terapista. Yo dije: vendrá el momento en que yo no tenga esas restricciones y pueda simplemente ser una escritora.
CR:
¿Hay algo que quisieras decir que no pregunté?
AB:
El silencio y lo que uno dice siempre corren en las venas, yo creo, de una persona que se ha criado en una familia durante una dictadura, y es interesante que yo haya escogido esta otra profesión de escritora y me dedique a ella, porque cuando uno escribe, uno está público y mantener ese respeto al silencio y al pasado, Y también escribir, yo me he dado cuenta como yo mantengo el silencio, no es miedo a veces, simplemente sabiduría.
Actualmente estoy trabajando con el cineasta Ari Kushner en piezas cortas de animación asistida por IA, basadas en imágenes oníricas y en la narrativa. Un proyecto traduce un sueño en un poema visual, y otro explora un mundo distópico especulativo, imaginando la sanación y la responsabilidad a través del amor, el perdón y la dignidad humana, en lugar del castigo. Ha sido una forma emocionante de usar la animación como espacio para la reflexión, la memoria y la narrativa ética.
*Más sobre la artista en sus páginas web annecybaez.com y annecybaez.substack.com
****¿Eres artista hispano/a/e en el Valle del Hudson y te gustaría aparecer en la sección Nuestros Artistas? Mándamos un correo a [email protected].
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¿Qué significa ser latinoamericano y, en particular, dominicana?
Annecy Baez
No veo ninguna distinción; culturalmente, hay un lenguaje latinoamericano distinto, aunque todos hablamos español. A mí me encanta ver el uso del lenguaje; ser dominicana es que, en mi cultura, hay tanta diferencia entre lo que una persona dice que es dominicano. Yo creo que a veces también la religiosidad es parte de eso. Cosa de que yo me crié en una familia muy abierta a diferentes formas de religiosidad, y creo que en mi familia lo espiritual era lo familiar: los valores y la religión guiaban a uno. Mi papá fue el primero en venir a Estados Unidos y después vinieron otras familias a las que él ayudó. Pero siempre me decía: todo el mundo va a tener diferentes puntos de vista y visiones religiosas, porque venían familias evangélicas y pentecostales, y mi papá era más abierto a todas las religiones. Él tenía su tradición, pero era una persona abierta, y también teníamos muchas amistades que eran totalmente diferentes: gays y lesbianas. Él apreciaba a todos, pero no todo el mundo era así. Cosa de que, cuando yo pienso en la dominicanidad, tengo que pensar en quién soy dentro de la cultura dominicana, porque era yo. Mi familia, mi papá, mi mamá: ese grupo era un poco diferente, más abierto a cosas diversas. Para mi papá, venir aquí era una oportunidad de ser quien uno quería ser. Para él, América era el país de la libertad en todos los niveles.
CR:
¿Qué hacían tus papás?
AB:
Su familia siempre trabajaba en política militar. Cuando vino aquí, era diferente. Pero mi familia, y eso es algo de lo que no hablo mucho, mi papá era una persona cuya familia era muy trujillista. Y mi papá era una persona muy justa y muy estudiosa. Él fue a una escuela militar en Argentina, de lo que estaba muy orgulloso. Como muchas personas en ese tiempo, era coronel; trabajaba en el ámbito militar.
CR:
¿Qué pensaba tu papá de Trujillo?
AB:
Mi papá siempre me decía que, de vez en cuando, él pensaba que había algo no normal en Trujillo, que algo mentalmente estaba pasando con él, o una forma, vamos a decir, de paranoia o de demencia. Yo estaba escribiendo algo sobre la neurología, la neurobiología y la autocracia, porque hay algo que pasa cuando uno tiene tanto poder: algo cambia la mente. Yo estaba en una clase de neurología sobre el trauma, pero dije: la neurobiología de la autocracia o la dictadura hace algo, cambia algo en la mente.
CR:
¿Cómo cambió la dinámica de la familia en la República Dominicana y aquí en Nueva York?
AB:
Cuando mi papá llegó a Estados Unidos, yo sé que él trabajaba en una fábrica en Westchester con personas como él que habían venido de la República Dominicana.
Ya por mi familia, los niños eran niños y los padres eran padres; los niños no sabían nada de lo que estaba pasando. El silencio era bien importante y fuimos criados guardando silencio, sin decir nada ni revelar quiénes éramos. Era un tiempo peligroso porque si la familia trabajaba para Trujillo, todo el mundo sentía que esa familia debía pagar por lo que había pasado, aunque uno no sabía exactamente qué había pasado, por lo que nosotros no nos quedábamos en un sitio por mucho tiempo. El pasado se convirtió en silencio. En ese caso, el silencio era un modo de sobrevivir.
CR:
Y eso ha determinado tu visión del mundo, en el sentido de que escribir, pintar, dibujar y hacer collage han sido definidos por ese silencio; ¿quieres recuperar tu forma de expresión?
AB:
Yo creo que el arte y la escritura, para mí, eran una forma de mantener calmado mi sistema nervioso. Cuando yo era niña, siempre estaba pintando, haciendo historias y jugando con mis muñecas, que me contaban historias. Cosa de que era un modo de mantenerse ocupado. Además, hubo un tiempo en el que no sé exactamente qué pasó ni si mis padres desaparecieron. Yo no sé si fue por inmigración, porque la gente no habla, pero inmigración iba a las casas de uno y los llevaba. En ese tiempo no era algo de lo que se hablaba mucho. Y como los niños no podían hablar ni nada, no le decían nada a uno. Yo sé que ellos desaparecieron. Pero tres personas vinieron a mi casa para cuidarnos. Eran personas increíbles. Y dos de los hombres que estaban ahí, Monchy y Abraham, eran gays. Tatica era una lesbiana muy espiritual. Y Monchy y Abraham eran artistas y bailadores. Monchy era una persona transexual. Él tenía fotos suyas como mujer. Y él decía que esa era su hermana, pero su hermana nunca podía estar en la casa cuando él estaba en ella. Y ellos trajeron música, baile, arte y toda esta belleza. Y yo siempre recuerdo ello con una felicidad en mi alma, porque mis padres se habían ido. Yo no sabía qué había pasado, así que me quedé con ellos. Y bueno, mi hermana, que era como mi mamá, estaba ahí. Nosotros vivíamos en un apartamento grande. Y estaban mi hermana y dos primas, de la misma edad que ella. Y ellos eran como nuestros guardianes, verdaderamente. Eso pasó en 1960 o 1963. Yo no sé si Kennedy ya se había muerto, porque recuerdo que cuando murió, pensé que era mi papá quien se había muerto, porque, como lo tenía en tanta estima, creía que todo el mundo estaba llorando por él. Y como niña, yo mezclé los dos tiempos.
CR:
¿Por cuánto tiempo no estuvieron en tu vida?
AB:
Yo no sé. Tiene que haber sido poco. Porque recuerdo el día en que mi papá me llamó para decirme que volvía y que no podía hablar; yo estaba llorando cuando oí su voz. Pero nosotros nos fuimos de la República Dominicana a España, primero a Barcelona y después, desde Barcelona, vinimos al Bronx en el 62.
CR:
Cuando Trujillo fue asesinado en 1961, tras 31 años en el poder, el cambio de gobierno transformó todo. ¿Y eso fue lo que hizo que tus padres vinieran a Nueva York?
AB:
No, no sé. Puede haber sido menos. ¿Por qué no iba a estar fuera? Si era por razones de inmigración, eso ya se iba a resolver.
CR:
¿Pero regresar a la República Dominicana era un riesgo?
AB:
No, nosotros no volvimos a la República Dominicana.
CR:
¿Pero tus papás no volvieron a la República Dominicana durante muchos años porque representaba un riesgo político?
AB:
En este caso era muy peligroso. Nosotros volvimos a la República Dominicana en los 70. Mi papá ya quería volver; la situación estaba mejor.
CR:
Mejor, ¿qué había cambiado?
AB:
Él volvía a trabajar para Balaguer.
CR:
¿Pero tú te quedaste aquí en Nueva York cuando él regresó a la República Dominicana? ¿Tú regresaste a la República Dominicana con él?
AB:
Tuve. Yo era una adolescente; tuve que volver con él. Y estuve allá durante tres años.
CR:
¿Y cuándo regresan a Nueva York?
AB:
Yo fui a la República Dominicana cuando tenía 13 años y volví a Nueva York cuando tenía 15 porque mi mamá tenía cáncer.
CR:
¿Y por qué regresas a Nueva York a los 15 años?
AB:
Porque el gobierno estaba cambiando y mi papá pensó que era muy peligroso y ya se estaba muriendo. Y él quería que yo asistiera a la universidad aquí. Él quería que yo estudiara aquí para poder continuar en la universidad. Estudie psicología. Yo quería quedarme con mi hermana, con quien me crié y que era como mi mamá. Y me quedé con ella. Solo mis padres regresaron a la República Dominicana.
CR:
Psicología. ¿Cómo te lleva a escribir y hacer arte?
AB:
Yo estaba haciendo arte y escribiendo desde la adolescencia, pero escribir en Santo Domingo era peligroso. Y mi papá no quería que yo escribiera ni que me pusiera de profesor de literatura. Él decía que los reporteros lo estaban matando, que eso era muy peligroso, que no quería que yo escribiera, que cogiera una profesión que me ayudara a ganar dinero. Cuando yo fui a la universidad, yo no tenía a nadie que me ayudara a escoger una profesión que yo pensara que era la correcta. Para mí, las únicas opciones eran la psicología o ser profesora. Las maestras que conocí en la universidad fueron como mis padres. Prácticamente, ellos me ayudaron porque lo que para mí era más importante —entender a las personas. Pero yo estaba muy interesada en la comunidad y en las organizaciones, no solo en el individuo, sino también en la sociedad y en la justicia en Santo Domingo. Todo lo que quería hacer era ayudar al pueblo. Cuando me gradué de la universidad, mi investigación se centraba en la creatividad y la esquizofrenia. Yo quería entender la creatividad y la enfermedad mental. Y después de graduarme, trabajé en el Bronx Psychiatric Hospital con personas que padecían esquizofrenia. Paralelamente, comencé a estudiar creatividad y arte y mantenía mi energía en esa área.
CR:
¿Y en tu experiencia en ese momento, qué encontraste tú en la relación entre la esquizofrenia y la creatividad?
AB:
Las personas con esquizofrenia presentaban una situación neurobiológica. Era una situación neurobiológica y todo el mundo tenía esa creatividad y esa capacidad. No tenían inhibición. Ellos estaban pintando y haciendo todo lo que sentían y experimentaban. Cosa de que la creatividad de ellos tenía un espacio donde podían hacer de todo. Ellos cogían un papel y lo pintaban todo. Era el alma pintando el alma, escribiendo el alma. Y yo pensaba: guau, ¿cómo puede alguien que no tiene esquizofrenia tener tantas restricciones?
CR:
¿Cuál fue tu experiencia en ese momento?
AB:
En ese momento yo hacía arte, no porque nadie me lo dijera. Era algo en mi alma. Yo tenía diarios visuales. El mundo, para mí, era totalmente creativo, pero no era como cuando yo decía: «hoy voy a crear». Yo andaba con una libreta y todo el mundo todavía me dice que andaba con una libreta desde niña. Escribió y pintó, y para mí también, en ese tiempo, cuando yo estaba en Santo Domingo, en la República Dominicana, como en muchos países latinoamericanos, había poesía en los periódicos. Yo cogía los periódicos y cortaba las poesías y las ponía en mi diario. Yo no podía creer que en el periódico pudiera existir la política junto con el arte y la poesía. Santo Domingo era un lugar para mí en el que la poesía y el arte eran constantes. No había separación. Era en la música, en lo que uno hablaba, como uno hablaba. Era como si todo el mundo fuera un poeta; yo decía: «wow». Y mi adoración por la poesía y el arte se formó gracias a esos profesores, que eran mis mentores y los adoraban. Ellos no veían ninguna distinción. Cuando vine a NY, mis profesores se dieron cuenta de que yo estaba enamorada de la literatura y me invitaban a cosas que estaban haciendo; pedían permiso para llevarnos a ver El jardín de cerezos de Chéjov en Broadway. Fue arte y literatura. Y cuando yo llegué al Bronx, profesores que vieron mi adoración a la literatura me decían, tú debes de coger este curso de literatura judía y clásica. Y yo creo que la cultura latina tiene este amor por la literatura y el arte y que es parte de nuestra cultura. Como nuestro valor es nuestra cultura, eso fue parte de mí. Yo hacía arte como parte de todo. Y todavía continúo así.
CR:
¿En qué momento tu trabajo creativo toma forma y deja de ser, hasta cierto punto, un hobby para convertirse en la parte central de tu vida?
AB:
Yo verdaderamente estaba haciendo arte y escribiendo desde la adolescencia, pero cuando estábamos en Santo Domingo, escribir era peligroso. Y mi papá no quería que yo escribiera ni que me pusiera de profesor de literatura. Él decía que estaban matando a los reporteros. Todos los reporteros los estaban matando, que eso era muy peligroso, que no quería que yo escribiera, que cogiera una profesión que me ayudara a ganar dinero. Cuando yo fui a la universidad, yo no tenía a nadie que me ayudara a escoger una profesión que yo pensara que era la correcta. Para mí, las únicas opciones eran la psicología o ser profesora. Las maestras que conocí en la universidad fueron como mis padres. Prácticamente, ellos me ayudaron porque para mí lo más importante era entender a las personas. Pero yo estaba muy interesada en la comunidad y en las organizaciones, no solo en el individuo, sino también en la sociedad y en la justicia en Santo Domingo. Mi escuela era católica y siempre teníamos que ayudar a la comunidad y hacer cosas por ella. Yo tenía esta mentalidad, sociológica, de justicia social, todo eso para el pueblo. Todo lo que quería hacer era ayudar al pueblo. Entonces estaba en un programa de psicología experimental, donde nada más investigaba. Y yo quería ayudar a las personas. Yo conocí una profesora, ella me dijo, mira, si tú quieres, quédate, quédate otro semestre. Y mi programa, que era Human Behavior, ella dijo: «Eso es todo». Tome una clase de sicología del niño. Ella me abrió un mundo nuevo. Y yo me quedé otro semestre para hacer ese doble mayor. ¿Pero después, cuando yo estaba en una clase de investigación donde se hacía psychological textual, esa profesora me dijo: «Después de que se gradúe, busca un trabajo de social work; tú vas a estar trabajando con la comunidad»? Y eso me ayudó a buscar trabajo. Digo, cuando yo me gradué de la universidad, mi investigación, porque todos teníamos que hacer una investigación, era sobre creatividad y esquizofrenia. Porque yo estaba interesada en eso. Yo vi a muchas personas amigas mías a las que les había dado esquizofrenia y yo no entendía por qué. Y ellos eran creativos e increíbles. Y yo quería entender la creatividad y la enfermedad mental. Y después de graduarme, trabajé en el Bronx Psychiatric Hospital con personas que padecían esquizofrenia. Ahí yo conocí a todas las trabajadoras sociales, que eran increíbles al trabajar con las familias. Y también conocí Art Therapist. Y la art therapist era increíble. Pero en ese tiempo alguien me dijo: no haga art therapy porque era difícil conseguir un trabajo como art therapist. Ella me dijo: "Ve a social work y continúa haciendo art therapy. Eso fue lo que yo hice. Cogí de ahí mi maestría: Social Work, para trabajar y ser psicóloga. Pero al lado estaba estudiando creativity art y mantenía mi energía en esa área.
Después decidí ir a la Universidad de NYU para hacer el doctorado. Y el doctorado en ese tiempo en NYU era psicoanalítico, y mis amistades, que eran mayores que yo, como mis mentores y supervisores en la clínica donde yo trabajaba, pensaron que me iba a ir bien en el programa, y yo apliqué y me aceptaron. Cuando terminé mi tesis, estaba estudiando mi propia literatura. Iba a la biblioteca y buscaba libros; estudié a ese autor hasta leer todas sus historias. Y después cogía otro y así leía a un montón de escritores. Entonces, en ese tiempo yo no sabía dónde encontrar a un grupo de escritores; nada de eso existía. Terminé el doctorado y hice mi tesis, de unas 200 páginas, y me dije: si yo puedo hacer esta tesis, yo puedo escribir cuentos y hacer un libro. ¿Quién dijo que yo no lo podía hacer?
Comencé a asistir a grupos de escritores en Westchester. Y en ese grupo escribí todos los cuentos; me decían: «no, continúa aquí, continúa allá». Como Alison Wonderland. Dime de esa prima, dime de la otra prima. Cada una de las que yo escribí fue por ese grupo y, después, por el grupo de americanos. Y yo también quería estar en un grupo con personas que no eran nada más americanas, sino de color. Y entonces, después de estar en ese grupo durante tres años, apliqué a Frederick Douglass para entrar en un grupo de escritores latinos y afroamericanos. Yo estaba tan contenta. Yo viajaba desde Westchester hasta 90 Street para asistir a ese curso. Pero ahí conocí a Nelly Rosario, una escritora dominicana. Ella se había graduado del MIT en ingeniería y estaba postulando al MFA de Columbia. Y ella conocía a un grupo en Queens que era de latinos, por una mujer llamada Daisy Coco de Felipe, que eventualmente es presidenta de una universidad. Ella tenía un grupo; su esposo, italiano, hacía toda la comida para nosotros. Llegábamos ahí como a las 12 de la tarde, comíamos, escribíamos y leíamos el día entero, una vez al mes. Y ahí conocí a muchos escritores dominicanos que eran poetas que yo había leído. Y yo no podía creer que estuviera en la presencia de tantas personas que respetaba como escritores. Y fue Nelly quien me recomendó ese grupo. Y después, Nelly conoció a Angie Cruz, quien nos presentó a Junot Díaz. Entonces, en ese tiempo íbamos de sitio en sitio a ver a Junót. Y fue un tiempo muy creativo. Pero yo tenía una niña chiquita y me la llevaba a todas partes. Ella se crió en poesía y de lectura en lectura. Y mi esposo era muy comprensivo y editaba la mayor parte de lo que yo escribía. Y después de Frederick Douglass, lo que hice fue: iba siempre a leer y las personas me decían: «¿Cuándo va a salir tu libro?» Y yo les decía: «Oh, como que nunca pensaba en poner todas las historias juntas». Y un día dije: «No, todo el mundo me está preguntando cuándo voy a sacar este libro». Pero como era directora de un programa, eventualmente me convertí en terapeuta familiar de niños y adolescentes. Yo era la directora de un programa de trauma. ¿Y ese programa era, la mayoría de las veces, para niños que habían sido abusados sexualmente, y ellos vivían conmigo y yo hacía todos los análisis y todo eso? Pues yo estaba escribiendo en ese momento y decidí: sabía que no iba a poder conseguir un agente que me representara. Primero, yo tenía un trabajo a tiempo completo. Ellos van a buscar a una persona totalmente dedicada a la escritura a tiempo completo. ¿Y qué está escribiendo y publicando? Yo no podía hacer eso. Yo leía mucho en Poets & Writers, que daba muchos consejos, y una vez dio un consejo: que se buscara una pequeñita publicación y le mandaran el libro; ese era un modo de hacerlo publicar. Pero por casualidad, un día estaba en Barnes y encontré un libro que se llamaba “Yo Soy la Avan Lady”, y en la contraportada del libro había una misión de justicia social. Yo dije: ¿Qué libro es este? Yo no podía creer que tuviera una misión tan increíble. Yo dije: ¿Quién es el publicista? Y yo le escribí al editor. Le dije: "Su misión es totalmente de justicia social. Es increíble. Yo quiero publicar con ustedes." Entonces, el editor me escribió y me dijo: «¿Por qué no mandas tu manuscrito al concurso y, si ganas, te publican? Yo dije, OK. Yo lo mandé ese año y fui finalista, pero no gané. Entonces yo lo mandé en el segundo año; fui finalista y no gané. Entonces él me llamó y me dio un consejo que era muy inaudito. Me dio un consejo sobre cómo mejorarlo. Y yo leí un artículo en Poets Writers. Una señora escribió un artículo y decía cómo coger una colección de cuentos y hacerlos como una novela. Porque mis historias eran separadas, muchachas diferentes. Entonces el artículo verdaderamente estaba dirigido a todas las primas que están en el mismo edificio. Entonces yo la hice a todas las primas, arreglé el libro como la señora lo explicó en el artículo y lo mandé una tercera vez. Yo había leído que la persona que estaba leyendo mi libro lo había elegido y había ganado el premio de mármol en 2007. Yo había leído todo lo que él había escrito. Él era como un escritor, como un fantasma mentor mío; se llamaba Benjamín Sainz. Yo había leído todo lo que él había escrito y él escribe sobre temas profundos. Hasta había escrito un libro: una novela sobre una muchacha secuestrada que creció con el hombre que la abusó sexualmente. Y lo que pasa en una situación así: él escribe sobre varias cosas; cuando yo vi que era él, yo dije: oh, my God, si él supiera que yo he leído tantas de las cosas que él ha escrito. Y entonces, eso fue en 2007. Y después, el editor de Curbstone Press estaba muy enfermo y me lo dijo: «No te apures; vamos a ver si el libro sale». Yo no me voy a morir hasta que este libro salga. Y eso fue en julio de 2007 y él murió seis meses después.
CR:
¿Cuál era el título del libro?
AB:
My Daughter's Eyes and Other Stories.
CR:
¿Cómo empiezas a hacer collages?
AB:
Yo siempre hacía collages y a mi primer esposo, que se murió, le encantaba que los hiciera; me hizo un espacio en el sótano para trabajar. Y cuando yo hacía collages, él aquí lo tiene en la casa nueva; yo estoy casada de nuevo. Pero yo tengo dos collages que hice y que me encantaron, y me los he hecho en un marco hermoso porque me encantaron. Cuando yo estaba haciendo collages en casa, fue algo que surgió así. Normalmente yo siempre estaba cortando cosas y poniéndolas en mi diario. Cogía muchas cosas; vamos a decir, todo lo que hacía esa semana lo anotaba en mi diario. Hacía collages. Comencé a leer más sobre el collage. Me dije: yo puedo hacer esto y hacía libritos como arte; los regalaba a mis amistades. Y así fue como yo comencé. Decidí que debería estudiar con alguien. Y había un libro de collage que a mí me gustaba mucho por un hombre que se llamaba Talbot. Y yo le dije a mi esposo: «Quiero estudiar con él; voy a escribirle». Y le escribí y él me dijo: "Yo tengo clases los fines de semana". Le gustó un collage mío. Él tenía en el estudio periódicos de mil ocho cientos y decía: «Corten esos papeles y hagan algo». Y yo no quería tocarlos. Tenían como cien años. Pero continué. Después de hacer collage a mano, comencé a hacerlo digitalmente en la computadora. A veces tomo fotos, las guardo en la computadora y las edito digitalmente. Ahora estoy trabajando con un instituto llamado KOLAJ Collage Institute en Nueva Orleans. Y estoy tratando de poner una serie de libros de cuentos con collage. Es excitante.
CR:
¿Cómo terminaste aquí en el Hudson Valley?
AB:
Cuando me casé, vivía en Westchester con mi primer esposo. Coincidentemente, el programa que yo estaba supervisando, dirigido por Andrew's Children's Home, era el Diagnostic Center de Niños Traumatizados y yo era su directora. Y eso era en un estado de 200 hectáreas. Yo viví en el estado durante unos 10 años y después teníamos suficiente dinero para comprar una casita en Irvington. Cuando mi primer esposo murió y, después, cuando conocí a mi nuevo esposo, él tenía una casa aquí, en el upstate. Yo vendí la casa y me mudé aquí con él. Siempre he estado en el Hudson Valley.
CR:
¿Qué significa para ti, Hudson Valley, ser latinoamericano al mismo tiempo?
AB:
Yo veo el Hudson Valley como un lugar de creatividad. Actualmente, en Estados Unidos, soy una escritora o artista latina. Puede que no me considere mucho artista dominicana porque me he criado aquí. Escribo nada más en inglés. Sí, soy una persona latina que escribe o hace arte en otro país, pero este siempre ha sido mi país desde que tenía tres años. Como que no hay una distinción. Y también, como siempre en mi vida, yo simplemente hago arte, no totalmente consciente de estar en este sitio, sino que lo hago porque mi alma no puede vivir sin hacerlo.
CR:
¿Cómo ha influido tu experiencia en la psicología y en el lidiar con los traumas de otros en tu creación, en tu proceso creativo, en el collage y en la escritura?
AB:
Me di cuenta de que nunca escribo sobre mis clientes. Tengo una ética que debo mantener. Mis clientes nunca van a aparecer en mis cuentos. Es como algo totalmente separado. Pero la experiencia de mis clientes es universal. No es simplemente la experiencia de ellos, la de tristeza, luto o pena. Todos lo hemos tenido como experiencia. Yo escribo sobre esa experiencia. Ahora, lo que he aprendido sobre el trauma y cómo se manifiesta en una persona cuando ha tenido experiencias en la niñez. Y en mi terapia es más: cómo están ahora en este momento, qué estrategias usan para sobrevivir y qué han usado toda su vida, porque eso los ayudó a sobrevivir en el pasado. Esas experiencias las veo cada vez más en lo que escribo ahora. Yo veía más del trauma sexual en mi historia de antes. Por ejemplo, en My Daughter's Eyes and Other Stories, tengo una historia sobre trauma sexual porque era lo que yo hacía. Tengo historias de adolescentes que están traumatizadas por la opresión de un sistema patriarcal. ¿Pero es algo que yo estaba viendo? Si yo me doy cuenta, mi familia puede leer el libro y decir: «¿Pero y a dónde está este abusador sexual? ¿Es una historia, no es cierto? Pero las personas creen que todo lo que uno escribe es cierto. ¿Qué pasó de verdad? Yo tengo una historia en el libro “My Daughter's Eyes” donde una mujer se va a casar con un hombre que ahora mismo le ha dicho: «Yo hice algo que no debería haber hecho». Y tengo una persona encinta en la República Dominicana. Pero yo quiero casarme contigo. Ahora tiene que tomar una decisión. Pues yo leí esa historia un día y alguien me dijo: "Lo siento que eso te haya pasado, pero no me pasó. Pero yo entiendo esa traición; yo entiendo esa cosa de que el arte y la vida de uno, y el trabajo de uno interactúan de un modo u otro, esto es, en realidad. Esas experiencias, de un modo interesante, la teoría integra el cuento, el trauma y lo que uno pasa. Pero yo creo que esas cosas son universales. Ahora, yo creo que escribir ayuda emocionalmente, ayuda a uno a lidiar con lo que es. Para mí, escribir me ayudó emocionalmente en un momento en que escuchaba cuentos de trauma; me ayudó a lidiar con lo que oía y a poner las cosas en perspectiva.
CR:
¿Fue una forma de escape?
AB:
Una forma, no de escape, sino de integración.
CR:
¿Qué mecanismo utilizas para separar esos traumas día a día y poder salir de esas trampas, si se quiere, tanto sociales como mentales?
AB:
Yo creo que es importante, para una terapista, que uno cuente con su terapista, ya que he sido terapista desde hace muchos años. Yo sabía que no podía hacer eso sola. Yo tomaba cursos que ayudaban a entender qué es el trauma. Se llama vicarious traumatization. Yo cogí un curso que me ayudó a entender que lo que yo estaba haciendo como arte, fotografía, pintar, todo eso era un modo de ayudarme a mí misma a mantener un rito de creatividad que me ayudaba a ver lo que veía. Mi esposo era una persona muy sensible. Yo sabía que tenía que mantener el trabajo fuera de mi casa. Además, vivía en la propiedad del programa, por lo que nunca salía de ahí. Creo que encontrar los grupos de escritura me ayudó mucho porque, al viajar para ir a una lectura, estaba haciendo cosas creativas. También comencé a practicar la meditación Zen en ese tiempo. Comencé a ir a ese centro y mi camino era el de la meditación y el Zen. Otra cosa que yo hacía mucho era yoga, pero principalmente el Kundalini yoga era muy devocional, con mucha música y baile. A mi esposo, cuando estaba en proceso de morir, lo llevaba a clases de Kundalini que le ayudaban. Aunque no podía hacer nada más, estar ahí le ayudaba a pasar de esta vida a la otra. Era como un ritual holístico para lidiar con esos traumas.
CR:
¿En qué estás trabajando, además de ser terapista?
AB:
Estoy trabajando en hacer algunas de las historias en cuentos pequeños como zines con collage. Y también estoy simplemente publicando una colección de cuentos. A ver, son cuentos publicados en Internet y en varios diarios. Y una amiga mía, Nelly Rosario, me dijo que sería una buena idea recopilar todo lo que has publicado y publicarlo como un libro. Yo estaba en el Hudson Valley Writer Center. Un día leí un cuento llamado «Besos de mariposa» en inglés y alguien me dijo: «¿Lo puedo poner en mi antología? Y yo dije: sí, claro. Él lo puso en el Hudson Valley Anthology y después yo lo leí en otro sitio porque alguien quería traducirlo al español, alguien de una, alguien que trabajaba con una publicitaria de España y yo le dije: sí, sí, tradúcelo. Y él hizo un trabajo tan bello. Ahora yo lo podía leer en español, alguien lo oyó en inglés, alguien lo quería traducir al español y lo publicaron en español. Todos esos cuentos que han sido traducidos al inglés y al español, yo quería ponerlos juntos en una antología diferente; los puse y los mandé a una competencia a ver qué pasa. Y si no pasa nada ahora, lo tengo junto; puedo mandarlo a otro sitio. Porque en mi trabajo ahora, que es en una universidad, creo que he sido bien cuidadosa, porque mi papá crió a una persona cuidadosa y escribió a una persona que entiende las políticas del tiempo. Cosa de que mientras yo estaba trabajando en la universidad donde yo trabajo ahora, yo decidí que yo iba a escribir y escribir y guardar, escribir, escribir y guardar hasta que fuera el tiempo necesario para yo entonces comenzar a publicar. Y cuando el tiempo se vino durante la pandemia, yo comencé a mandar cosas de publicación, pero me cogió un tiempo, una porque yo estaba grieving the loss of my husband, otra, yo no pensé que era correcto en ese momento tenía que aprender mi trabajo en la universidad y ser profesora y yo no creía que podía mantener eso de escribir cuento y que todo el mundo esté ah, Aresi escribe un cuento. Estoy trabajando como profesora y terapista. Yo dije: vendrá el momento en que yo no tenga esas restricciones y pueda simplemente ser una escritora.
CR:
¿Hay algo que quisieras decir que no pregunté?
AB:
El silencio y lo que uno dice siempre corren en las venas, yo creo, de una persona que se ha criado en una familia durante una dictadura, y es interesante que yo haya escogido esta otra profesión de escritora y me dedique a ella, porque cuando uno escribe, uno está público y mantener ese respeto al silencio y al pasado, Y también escribir, yo me he dado cuenta como yo mantengo el silencio, no es miedo a veces, simplemente sabiduría.
Actualmente estoy trabajando con el cineasta Ari Kushner en piezas cortas de animación asistida por IA, basadas en imágenes oníricas y en la narrativa. Un proyecto traduce un sueño en un poema visual, y otro explora un mundo distópico especulativo, imaginando la sanación y la responsabilidad a través del amor, el perdón y la dignidad humana, en lugar del castigo. Ha sido una forma emocionante de usar la animación como espacio para la reflexión, la memoria y la narrativa ética.
*Más sobre la artista en sus páginas web annecybaez.com y annecybaez.substack.com
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