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“Ser un vecino”: la red de apoyo comunitario de SALT en el condado de Sullivan

Por Nohan Meza
February 2026
La coalición SALT en el condado de Sullivan nació de un desafío sencillo: llevar la ayuda directamente a la comunidad. Hace unos quince años, varias organizaciones locales que se reunían mensualmente para coordinar programas se toparon con un artículo sobre las bajas calificaciones de salud del condado particularmente con relación al uso de opioides y casos de sobredosis. Alguien puso el periódico sobre la mesa. La decisión, recuerda el cofundador Martin Colavito, fue clara: aceptar esa realidad o “empezar un camino que, con compasión y cuidado, ayudara a las personas a acceder a los recursos y servicios disponibles para mejorarse”.
 
Desde el principio, SALT (siglas de Sullivan Allies Leading Together, o aliados de Sullivan liderando juntos) nunca tuvo intenciones de ser una entidad fiscal. “Nunca se fundó para ser una organización”, explicó Colavito, “lo que hicimos, y lo que sigo intentando mantener, es ser un vecino”. La idea era sencilla: cualquiera puede pasar por momentos de desesperanza; todos somos parte de la comunidad; ninguna voz vale más que otra.

La estrategia inicial fue directa y humana, recuerda Colavito: “Salir a las calles, hablar con la gente, escuchar, y guiarlos hacia los servicios disponibles. Ver cuáles son sus necesidades”. Así, el grupo empezó conectando a familias con ayuda inmediata: muebles donados por el almacén del condado, alimentos, transporte, lo que hiciera falta. Con el tiempo, ese círculo de apoyo creció gracias a voluntarios y vecinos dispuestos a ayudar.

Desde sus inicios, SALT también decidió mantenerse fuera de la política partidista. Los funcionarios podían participar, pero “como vecinos”, no en busca de publicidad. Según Colavito, esa postura explica parte del respeto que la comunidad les tiene: “Nunca caímos en esa noción tribal de que si eres republicano o demócrata ya estás de un lado. Todos somos vecinos, y no nos movemos de ahí”
.
Años antes de que la crisis de sobredosis acaparara titulares, SALT impulsó al estado de Nueva York a distribuir naloxona (Narcan) directamente en la comunidad. El estado acabó asociándose con el grupo, otorgándole una cuenta abierta con su proveedor. “Lo único que nos importaba era poner el material de reducción de daños en manos de la gente”, dijo Colavito.

El resultado: vidas salvadas y menos muertes por sobredosis. En lo que va del año, SALT distribuyó más de 5mil kits, de los cuales más de 3mil fueron entregados directamente en la comunidad, desde hoteles, y eventos en lugares como Bethel Woods, hasta las caminatas regulares que hace el grupo para poner materiales de reducción de daño directamente en las manos de miembros de la comunidad. “No se trata de decirle a alguien qué hacer con su vida”, explicó Colavito, “se trata de darle una oportunidad, como tener un desfibrilador a mano: una oportunidad de actuar”.

La pandemia y el giro hacia la alimentación

Antes de la pandemia, SALT había abierto un centro comunitario intergeneracional en la antigua escuela St. John Street en Monticello. La idea era crear una especie de plaza pública donde niños, familias y mayores pudieran reunirse con seguridad. Entonces llegó el COVID-19, y con él, una nueva realidad: el hambre.

Mucha gente tenía miedo de salir de casa; otras simplemente no tenían comida. Así nació el programa de distribución alimentaria de SALT, al principio desde los maleteros de los coches, en colaboración con la Extensión Cooperativa de Cornell del condado de Sullivan y el Banco Regional de Alimentos del Valle del Hudson. “Cornell adaptó su misión para responder a la crisis”, refirió Colavito, “nunca vi una agencia hacer algo así antes”.

Hoy, SALT entrega alimentos a más de 700 personas por semana, además de un servicio de emergencia los siete días que garantiza comida en menos de 24 horas, incluso en feriados. “Imagínate no poder sentarte con tu familia a comer en Navidad o en Acción de Gracias”, dijo.

María (quien no dio su apellido para preservar su identidad), inmigrante y beneficiaria de los servicios de SALT y residente de Monticello, llamó un mañana del Día de Acción de Gracias triste porque no tenían comida. Al recibir los alimentos, se sintió emocionada por el apoyo: “Siempre estoy con miedo, pero el hecho de que ustedes hayan venido hoy aquí me hace sentir segura”, les dijo a los voluntarios de SALT.

Lo que significa “ser vecino”

El espíritu vecinal de SALT también se refleja en sus programas de prevención y convivencia. Junto a Cornell, el grupo ha desarrollado proyectos escolares y obtuvo fondos del programa Comunidades Libres de Drogas, centrado en jóvenes. Uno de sus pilares bilingües es Fortaleciendo Familias, que reúne a padres e hijos una vez por semana para cenar y dialogar sobre sus desafíos mutuos.

Además, el Comité por la Equidad y la Justicia se reúne cada dos semanas para analizar temas locales como la falta de vivienda, el hambre y las oportunidades laborales. De ese comité surgió el evento anual Unidad (Unity), una celebración en el parque Creekside de Liberty donde se comparte comida, música y juegos. “La única diferencia entre las personas es la suerte”, reflexiona Colavito.

SALT ha logrado colaboraciones poco comunes. Una de ellas, con el Departamento de Policía de Liberty, bajo la dirección del Jefe Steve D’Agata, ha sido ejemplar. Los agentes entregaron comida, participaron en jornadas de alcance y ayudaron a eliminar la desconfianza. “Los jefes de policía no suelen hacer eso”, señaló Colavito, agradeciendo una relación basada en respeto mutuo y ausencia de prejuicios.

 Dinero, misión y equilibrio

Si bien ahora SALT es una organización sin fines de lucro con estatus 501 (c)3, Colavito desconfía de dejar que el dinero dicte la misión. Él y su esposa Lynn aceptaron una subvención del Departamento de Salud con la condición de que el pago se depositara directamente en la cuenta de SALT y se usara solo para tres objetivos: el evento de Unidad, encuentros trimestrales LGBTQIA2S+, y un evento anual de sopa comunitaria.

De esa subvención quedaron unos $35mil dólares, y con donaciones adicionales (incluidos $7,500 de la Asociación de Turismo), la reserva del grupo se mantiene entre los $45 y 50mil. A menudo, rechazan fondos con condiciones restrictivas: “No puede decirnos lo que necesita nuestra comunidad”, insistió Colavito a algunos patrocinadores, “nuestra comunidad nos lo dirá”.

Hoy, los fondos públicos son más escasos, y la desinformación ha crecido, especialmente los discursos que culpan a los migrantes. Sin embargo, los vecinos siguen respondiendo. Por ejemplo, una granja local se comprometió a donar 240 docenas de huevos por semana. “Tenemos que hacer mucho más con mucho menos”, explicó, “pero seguiremos guiando a la gente hacia la esperanza”.

Colavito habla abiertamente de su propio proceso: de su juventud impulsiva y prejuiciosa a una vida de aprendizaje constante. Agradece a su esposa Lynn, “la persona más fuerte que he conocido”, y a líderes como Dana Halpern por retarlo y hacerlo crecer. Décadas trabajando con personas encarceladas en Rikers Island y en otros centros lo llevaron a cuestionar el sistema de servicios sociales basado en el lucro más que en el cuidado humano.

“Yo no estaba ahí para cambiarles la vida”, afirmó, “estaba ahí para que decidieran qué querían hacer con su vida. Lo único que siempre alenté fue a ser prudentes, hicieran lo que hicieran”.

Los últimos años y lo que viene

Desde la pandemia, SALT mantiene sus entregas semanales de alimentos a más de 700 personas y distribuye unas 5mil dosis de naloxona al año. Pero para Colavito, el reto principal es seguir siendo un vecino, no una agencia.

“No sé cuánto tiempo más estaré en mi puesto en Salt”, admitió. “Siempre serviré a la gente, pero espero que el grupo siga siendo lo que debe ser: un espacio guiado por la compasión, el amor y el cuidado, no por las subvenciones. Ese es un equilibrio difícil”.

El 19 de noviembre, la fundación SYDA presentó su premio anual de servicio comunitario a Martin Colavito por su servicio excepcional y duradero a la comunidad del condado de Sullivan.

El teléfono sigue sonando todos los días, fines de semana, feriados, a toda hora. SALT no siempre puede ofrecer dinero o vivienda, pero procura que cada persona que llama termine la conversación con dignidad y dirección. En otras palabras, con un vecino al otro lado.

CONTACTOS

saltcares.com, (845) 596-0075, [email protected]
facebook.com/SullivanAlliesLeadingTogether
instagram.com/saltcares
sullivancce.org/agriculture/sullivan-fresh-community-cupboard
 

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